Tardó una docena de años James Cameron para pergeñar su nuevo juguete de ficción, “Avatar”, una historia de encuentro cultural que significa bien la dictadura esteticista de muchos films computerizados en donde el equilibrio de elementos narrativos brilla por su ausencia y sólo importa epatar visualmente y manejar temas con enfoque de pre-escolar.
Celebrada por muchos, la película es sugerente por su imaginería exótica y natural, llena de color y viveza. Sin embargo tal sugerencia se redunda, perdiendo parte de su gracia, y los CGI crean personajes de artificio dentro de un guión muy menor con evocaciones en sus asuntos a múltiples películas previas, entre ellas “Bailando Con Lobos”, “El Último Samurai” o “Pocahontas”, recordando también su paisajística a la animación ecologista de “Ferngully”. |  |
El primor estético y técnico de esta historia futurista, insistente en sus motivos y excesivamente larga, de enfoque adolescente, proporciona momentos de cierta belleza en su envoltorio épico tridimensional con fondo superfluo y predecible.