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"El Dorado" es una de las producciones menos satisfactorias del gran director Howard Hawks, un western que no es más que una revisitación de su estupenda película "Río Bravo", dirigida ocho años antes. El estilo "invisible", que acuñara Andre Bazin para la clásica narrativa de gente como John Ford o Howard Hawks, sigue retratando a la perfección la interacción hombruna tan característica de las historias del autor americano, exponiendo unos personajes añosos y achacosos, pero fracasa en la perforación de esas ligazones personales para introducir plenamente al espectador dentro de la tensión interna de un relato escrito por Leigh Brackett, quien adapta una novela de Harry Brown titulada "The stars in their courses".
El conjunto del film carece de la fuerza que presidía las conexiones emocionales y situacionales de "Río Bravo".
El poderío estelar del dúo Wayne/Mitchum no está suficientemente explotado e incluso se añora la presencia del ebrio Dean Martin de la primera cinta.
Un joven James Caan está bastante correcto en su papel, y aunque no canta tan bien como Ricky Nelson (su equivalente en "Río Bravo"), sí recita unos versos del gran literato Edgar Allan Poe sobre la búsqueda del Dorado.
En conjunto, la película, que diatriba de manera cínica sobre la vejez, la degeneración física y la autoestima personal, es un film irregular y supone un título menor en la espléndida filmografía de uno de los nombres esenciales del cine americano.
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