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Clásica adaptación del homónimo libro de Bram Stoker, producida por Carl Laemmle Jr. en pleno esplendor de la Universal de los años 30.
La historia del Conde Drácula, un vampiro basado en el personaje real de Vlad Tepes, conoce con este título una de sus mejores y conocidas versiones, a pesar de que tras la llegada a la ciudad londinense acusa en exceso su origen teatral (básicamente era una adaptación de la obra que estaba repesentando Lugosi en Broadway).
Sus principales valores se aposentan en la consecución de una fascinante atmósfera (especialmente cuando la acción transcurre en Transilvania), gracias al talento fotográfico del gran Karl Freund, la capacidad expresiva de los decorados ideados por Charles D. Hall y la estilizada narración de Tod Browning, embebida en el mundo gótico y el expresionismo alemán.
Los brillantes ojos de un Bela Lugosi atrapado por su caracterización, la inolvidable interpretación de Dwight Frye en el papel del enloquecido Renfield y la gran disposición de sus hacedores para retener con elegancia el aspecto romántico son otros puntos clave de esta esencial película del cine fantástico.
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Bela Lugosi
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