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Sin empleo y con tres hijos de dos matrimonios fracasados, Erin, después de un suceso fortuito acabará consiguiendo un trabajo en un pequeño bufete de abogados, desde allí investigará un posible caso de contaminación del agua por parte de una poderosa corporación que está conllevando graves y mortales enfermedades para los habitantes de la zona.
La acción que emprende Erin le servirá asimismo para afianzarse como persona, al verse valorada por primera vez en su vida, una vida compartida ahora con un greñudo motero, un personaje tan sensible como comprensivo, el cual ofrecerá un nuevo sentido a la vida amorosa de la verborreica y lenguaraz Brockovich y que servirá para brindar a la película unos más que notables diálogos entre la pareja.
El film, también sirve para recuperar la presencia de uno de los actores británicos más importantes de la década de los sesenta, Albert Finney ("Tom Jones", "Dos en la carretera"), en el papel de un complaciente abogado que establecerá una divertida química con su nueva y descarada empleada.
La película es apta para establecer un pequeño homenaje a la mujer trabajadora más que todo el tinglado judicial que sostiene aparentemente la trama, para valorar asimismo el papel de la ama de casa, en esta ocasión "amo" y para reflejar que con tenacidad y ayuda de los que te rodean se puede enderezar un camino que antes solo presentaba curvas cara un destino incierto, y ahora se ha convertido en una recta, larga y soleada carretera. En resumen, a pesar del subrayado de las cualidades de la protagonista y del acomodo mainstream por parte del director de "Sexo, mentiras y cintas de vídeo", el film está correctamente contado (contiene efectivas escenas con fuerte carga dramática) y mucho mejor interpretado (en especial una Julia Roberts enfundada en una ropa un pelín hortera, pero ciertamente sexy).
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