Brillante mixtura entre el "El fantasma de la ópera" de Gaston Leroux, la leyenda germánica de Fausto popularizada por el escritor alemán Goethe y el mundo de la industria musical. Brian de Palma, en uno de sus mejores títulos, desarrolla esta historia con una estética deslumbrante, pletórica en su pujanza visual, con sus habituales movimientos de cámara, un vibrante montaje, bizarras angulaciones y encuadres, cámara subjetiva o split screen, eclécticos elementos narrativos que dotan a la película de una fascinación máxima.
Empleando la parodia y la sátira y con Paul Williams encarnando un personaje que podría estar basado en la figura del legendario creador del “wall of sound” Phil Spector, "El fantasma del paraíso" muestra los oscuros procederes que rodean a la explotación musical, especialmente en el lucrativo negocio del rock, abundando en las maniobras ladinas para crear o destruir mitos y apropiarse de éxitos ajenos, ídolos sin escrúpulos que se convierten en guías de la ciega masa, fácil objetivo consumista. |  |
Además de su valía cinematográfica, la película, en la que no podía faltar el homenaje usual de De Palma a su maestro Alfred Hitchcock (recreando de manera humorística la escena de la ducha de "Psicosis"), cuenta con una extraordinaria banda sonora, con excelentes canciones compuestas por el pequeño Paul Williams, actor y músico (formó parte del grupo de los 60 Holy Mackerel antes de iniciar una carrera en soltiario) que encarna al pérfido Swan.
A su lado, tres intérpretes brillan con luz propia, William Finley como fantasma, un actor teatral que no tuvo demasiada fortuna en la pantalla grande, la atractiva Jessica Harper como Phoenix y Gerrit Graham, que realiza una interpretación muy divertida en el papel de un glammy y timorato cantante llamado Beef.
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Brian de Palma
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