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Hable Con Ella (2002) de Pedro Almodovar - Crítica
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hable con ella cartel pelicula talk to her movie poster

HABLE CON ELLA (2002)

Director: Pedro Almodóvar.
Intérpretes: Javier Cámara, Leonor Watling, Darío Grandinetti, Rosario Flores.

Dos mujeres convalecen en coma en una clínica, la bailarina Alicia (Leonord Watling), de la que ternimará enamorándose un enfermero llamado Benigno (Javier Cámara) y la torera Lydia (Rosario Flores), cuyo novio (Darío Grandinetti) iniciará una estrecha relación de amistad con Benigno.



Volvemos a lo de siempre en estos títulos, el basamento principal para el triunfo de un melodrama es que éste logre implicar al espectador con los sentimientos manejados por sus principales ingredientes, una historia competente, que prescinda de elementos y detalles superfluos al margen de la intensificación dramática y un dibujo idóneo de los personajes principales, que aporte conocimiento de los mismos para estrechar vínculos afectivos entre el público y dichos personajes.

En "Hable con ella", una película que aborda temáticas como la soledad e incomunicación humana, la necesidad de la interactuación vital para el pleno desarrollo personal y social, el poder terapeutico de ese intercambio o el apego amistoso, no logra con plenitud los primeros objetivos citados ya que su historia de óptica masculina resulta endeble en su maniobra melodramática de autoría complaciente, irregularidad rítmica, simbología oficiosa y estética de calidad.

Las interpretaciones y las situaciones desarrolladas no transfieren con hondura la emoción buscada, punto esencial del éxito de una película de este género.
Sí es destacable en cambio la audacia narrativa con la inclusión de un falso y curioso corto de cine mudo (titulado "El amante menguante") y su siempre bien ponderada habilidad en la plasmación visual, pero el conjunto flaquea por la frialdad global de la obra.

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Pedro Almodóvar
Javier Cámara
Leonor Watling
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Lola Dueñas
Fele Martínez
Geraldine Chaplin
Carmen Machi
Paz Vega


Ingmar Bergman y Jacques Demy: una invitación al universo de realidad soñada por Almodóvar.
¿Qué rondaría por la mente de Pedro Almodóvar durante la proyección de una película como 'Le Bel Indifferent' (Jacques Demy, 1957)? Muy probablemente una frase: '¡Hable con ella!'.

En 'Hable con ella' Almodóvar parece darle la bienvenida al universo cinematográfico de Jacques Demy con la calidez que el día acoge al sol y la placidez con que la noche arropa a la luna. Películas como la citada 'Le Bel Indifferent' o 'Les parapluies de Cherbourg' (Jacques Demy, 1963) se convierten en atractivas sugerencias que invitan a adentrarse en el universo de realidad soñada de Almodóvar.

'Hable con ella' comienza como 'Le Bel Indifferent', con una imagen fija de un telón que se levanta dando inicio a una representación teatral. Ambas piezas de teatro estarían mágicamente unidas si Marco llorara al reconocerse a sí mismo en 'Le Bel Indifferent' como aquel hombre que no habló con ella.
Colorido, ambigüedad, movimientos de cámara que sugieren el bailar de una ninfa a través del espacio y del tiempo que busca incesante capturar el espíritu que sustenta los hechos, la introducción de tomas a cámara lenta, melódicos momentos musicales, el uso de subtítulos para dividir la película, historias aparentemente diferentes (incluso películas como ocurre con Marc Michel en 'Lola' (Jacques Demy, 1961) y 'Les parapluies de Cherbourg') que acaban cruzándose entre ellas, motivos comunes en el guión como el embarazo, las vistas con encanto de la ciudad como ocurre con la calle Príncipe, ... una larga lista que puede extenderse tanto como la película misma.

¿Y cuál sería la reacción de Almodóvar ante una película como 'Persona' (Ingmar Bergman, 1966)?.
Si consideramos el mágico paralelismo que se podría construir entre 'Persona' y 'Hable con ella' de nuevo la respuesta pudiera ser '¡Hable con ella!'. Las dos protagonistas principales en ambas películas, Alma y Elisabeth en 'Persona' y Lydia y Alicia en 'Hable con ella', pueden identificarse entre sí, Alma con Lydia y Elisabeth con Alicia.
El poster de 'Persona' muestra las caras de Alma y Elisabeth, y el de 'Hable con ella' las de Alicia y Lydia en una posición que es la de uno de los más maravillosos planos de 'Persona'.
Alma odia a Elisabeth como Lydia odia Alicia, Elisabeth es una cantante de ópera mientras que Alicia es una bailarina de ballet, Elisabeth y Alicia están ambas bajo cuidados médicos continuos en un hospital, Elisabeth y Alicia no pueden hablar a causa de su enfermedad.

Incluidas como parte fundamental de ambos guiones están las ideas de embarazo, niños que nacen muertos, un animal que provoca el pánico, una fiesta y su música, referencias a una antigua película muda, obras de teatro, una cara inmensa cubierta parcialmente en una esquina, ...
Desde una cálida y plácida perspectiva Almodóvar parece proyectar en 'Hable con ella' el espíritu de las películas de Bergman y Demy.

Manolo Sola


La verdad es que jamás había visto una película entera de Almodóvar, intente visionar "Átame" en su día, pero no pude acabarla, no me enganchó y creé una falsa imagen de las películas de este director, me llené de prejuicios y de erráticos pensamientos y reconozco que comencé a ver "Hable con ella" a desgana, pero a medida que pasaban los minutos me entusiasmaba más y más, hasta que llegué a la apoteosis... ¡¡¡que película tan fantástica!!!

Almodóvar habla sobre la incomunicaión, la soledad, el amor, el desamor, fobias y se centra en un drama con algunos tintes cómicos que hacen que te sientas en la piel de esos personajes también definidos.

Por primera vez, creo, Almodóvar cede el protagonismo a hombres y no a sus tan usadas mujeres y aunque cabría pensar que Javier Cámara es el protagonista yo creo que es Darío Grandinetti el personaje principal, aunque la verdad es que ambos están inmensos, ambos viven en un mismo mundo, pero los dos siguen distintos caminos, dos formas de ver un mismo amor por distintas mujeres, las dos encamadas, Leonor y Rosario (solo están de cuerpo presente no dicen mucho las pobres). No como muchos directores que usan sus peliculas como vehículos de reinvindicación social o protesta aquí Almodóvar simple y llanamente narra una preciosa historia de un extraño amor, un amor extraño que alflora cuando menos y donde menos te lo esperas, sin ningún subterfugio que ahogue la película en un aburrimiento.

Una cinta notable, con una música preciosa, con interpretaciones magistrales de todo el reparto y una direccion y montaje fantásticos.

Lo mejor: el pequeño corto de cine mudo protagonizado por Fele Martinez y Paz Vega. Geraldine Chaplin. La música.
Lo peor: que la gente piense que es otro típico producto de Almódovar plagado de sexo y violencia.

Miguel Calvo Marqués


Se levanta el telón en la sala e irrumpen dos mujeres bailando al compás de “O let me weep, for ever weep” de Henry Purcell.
En medio de una decena de sillas de madera, un hombre las persigue intentando tocarlas. Una de ellas cae muerta, y la otra, en cuestión de segundos, como en un ritual ya preestablecido hace lo mismo.

En la primera fila de la sala, dos hombres están sentados uno al lado del otro. Uno de ellos no puede evitar llorar como un niño ante el estupor que le produce la interpretación de los artistas.
El otro, lo mira de reojo, no pudiendo creer que un hombre pueda llorar con un sentimiento tal. Ambos no se conocen, pero el destino escrito de antemano como un designio de oráculo griego, será el encargado de hacer que se unan en una particular amistad que perdurará por el resto de la historia.

El hombre de las lágrimas es Marco (Darío Grandinetti) un periodista argentino que escribe una columna para el diario “El País”. El otro, es Benigno (Javier Cámara), un joven madrileño de 30 años, enfermero y que aún no ha conocido el amor.

Marco deberá conseguir una entrevista con Lidia Gonzáles (Rosario Flores) una torera sevillana que acaba de romper con el matador “El niño de Valencia”, con quien compartió las primeras planas de las revistas del corazón.
Lidia se niega a otorgar entrevistas a aquellos que sabe que la van a interrogar acerca de su vida privada, pero ante una inesperada ayuda que le brinda el periodista, decide a modo de compensación, brindarle el reportaje.

Meses más tarde, Marco y Lidia, son ya una pareja consolidada y viaja camino a Córdoba en donde Lidia protagonizará una de las corridas más importantes de su carrera, sin imaginarse quizás en el fatídico desenlace que tendrá la misma. Apenas salido el toro, la lastima de forma tal que la joven queda en estado vegetativo y es internada en la clínica “El Bosque” en la ciudad de Madrid.

Una vez instalado allí, Marco comenzará una amistad con aquel hombre con el que compartió la butaca en el teatro. Benigno trabaja en ese lugar como enfermero, y tiene a su cuidado a Alicia (Leonor Watling), una joven bailarina que a consecuencia de un accidente automovilístico, ha quedado en estado de coma irreversible, en iguales condiciones que las que se encuentra Lidia.

Marco y Benigno comparten el dolor, ambos tienen a la mujer que aman casi muerta, y a partir de ese dolor construirán una verdadera amistad que les ayudará a sobrevivir sus desgracias.

El film, todo el tiempo, mediante la técnica del background, lleva al espectador a través de la vida de los personajes. El pasado y el presente se funden en un solo momento para dejar en claro de que forma se fueron tramando las relaciones entre ambos.

Fiel a las temáticas almodovarianas, la historia propone un juego de pasiones de las más profundas y enjambradas: amores irracionales, no correspondidos, soledad, tristeza, locura, ternura, eterna esperanza, y un fuerte juego de opuestos en los que se pueden ver perfectamente reflejadas las conductas de las cuales no estamos exentos ningunos de los seres que habitamos este planeta.

En cuanto a las actuaciones, el papel desempeñado por Darío Grandinetti, es de los más superlativos de toda su carrera. Almodóvar, al hacer un balance de su actuación dijo que es el hombre con mayor cantidad de registros de miradas que haya visto.

Grandinetti, con su composición de Marcos, logra convertirse en cómplice del espectador, que no puede más que ser parte de los sentimientos que invaden al personaje a lo largo de la historia.

De igual brillantez, es la actuación de Javier Cámara, quien con su versatilidad artística expone un amplio mosaico de emociones que van desde la risa mas ingenua a la más dura de las tragedias, como es la que le toca vivir a Benigno.

Las dos mujeres en esta historia llevan las de perder, ya que mas de la mitad de la película lo pasan en estado de coma en una cama. Aunque de las dos, la de Rosario Flores es una interpretación muy bien lograda, ya que le da a la piel de la matadora Lidia Gonzáles, una mezcla de aire gitano y mezcla taurina que la hacen muy particular.

La escenografía, a diferencia de films anteriores (Átame, Tacones Lejanos, Kika) carece casi de elementos kitsch (sello identificatorio del cineasta manchego). Esta vez, en cambio, cada uno de los elementos que componen las escenas cumple una función estética fundamental. Nada está de más, ni fuera de lugar.

La música es entre otros, uno de los puntos más destacables del film. La banda de sonido fue compuesta por Alberto Iglesias, quien ha musicalizado también “La flor de mi secreto”, “Carne trémula” y “Todo Sobre mi madre”. En el repertorio elegido, las dos joyas fundamentales la constituyen la versión de “Cucurrucucú Paloma” que interpreta en vivo Caetano Veloso, y “Por toda minha vida” en la voz de la cantante brasileña Elis Regina.

"Hable con ella" es una propuesta digna de ser vista. En definitiva, es una muestra más de la evolución y el crecimiento que el director español ha conseguido a lo largo de todos estos años de filmografía, y que lo han colocado en un sitio privilegiado como uno de los más destacados exponentes del séptimo arte.

Nicolas Pasiescnik

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