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Sobrevalorado film de corte histórico, que a pesar de llevarse un buen puñado de premios Oscar no deja de incorporar los elementos característicos (para bien y para mal) de las producciones británicas de época: morosidad en el ritmo, excesiva carga literaria, frialdad global, eficaz ambientación y fenomenales interpretaciones.
Lo más prominente de este título es el trabajo de Fred Zinnemann en el retrato psicológico del personaje principal, incorporado de forma excelente por un Paul Scofield que ya había representado a Tomás Moro en el teatro londinense.
Por lo demás, y derivado de la adaptación de la obra de teatro de Robert Bolt, el film permanece en muchos momentos preso de un aletargado amorrodamiento y algunas escenas resultan demasiado solemnes en un claro afán hagiográfico.
Los más piadosos, los amantes de esta época histórica y los interesados en biopics que reflejen el recto comportamiento ético y moral de hombres íntegros y honestos se lo pasarán de miedo.
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