Áspero docudrama que intenta radiografiar todo el sistema educativo, social y político de la sociedad francesa, y por extensión, de la occidental, con un tono agudamente crítico con el que Tavernier no deja títere con cabeza atacando abiertamente a las instituciones que conforman los tres grandes poderes de un Estado de Derecho.
Seca y agria, la historia, escrita por el propio autor junto a su hija y su yerno, se centra en las desventuras de un director de una escuela infantil sita en un barrio marginal en el cual se viven situaciones problemáticas que son puestas de manifiesto mediante los avatares de los pequeños niños que sirven de enlace al profesor para mostrar la difícil realidad en la que viven.
Muchos matices componen esta cruda película, la educación, el paro, la escasez de medios, los malos tratos, la delincuencia juvenil, el alcoholismo... contado todo ello con un estilo muy cinema vérité, intentando siempre golpear la conciencia y la fibra sensible del espectador y, aunque en parte de su testimonio la fuerza emotiva tiende a decaer por el subrayado y el enfoque de sermón, sin duda alguna su conjunto es un implacable retrato social que consigue traspasar su radio de acción y provoca una reflexión sobre lo que se está contemplando.
Una película protesta que nos recuerda que el cine no solo es utilizable como mero medio de entretenimiento. Amantes del cine comercial y de los videoclips, abstenerse.