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Sirviéndose de una época pretérita y un absorbente triángulo amoroso, el director chino Zhang Yimou despliega con acritud una crítica al inmovilismo establecido en las costumbres y relaciones sociales y políticas de su país. No ataca la tradición por la tradición, sino la tradición que impide la realización vital del individuo ilustrada en una historia de amor imposible en la China de los años 20.
Junto a la poco velada crítica al status quo chino, la narración que sustenta esa diatriba es poco menos que fascinante. La quimérica historia de amor, repleta de momentos apasionados, ensalzados por una hermosa fotografía llena de ocres, azules y rojos, es abortada no sólo por el mecanismo de autoridad sino también por el propio fruto de ese amor. Los sentimientos alternativos de odio, rebelión, venganza, felicidad, unión familiar y desamparo existencial están dibujados notablemente en una ambientación opresiva; la acción en un oscuro y relente interior pocas veces traspasa sus límites y cuando lo hace es para contemplar que los tejados de las casas de la pequeña población están casi adheridos unos a otros, que las callejuelas son muy estrechas...la pareja busca y tiene que alimentar su amor en parajes más abiertos y escondidos a la vista del ojo censor (que es toda la sociedad). En último lugar, ese ahogo será descrito magníficamente en la búsqueda de su postrero refugio de amor y de muerte. |  |
Si el personaje del hijo actuara de manera más humana y menos simbólica, y la relación triangular inicial fuese más rica (especialmente en el desarrollo de actitudes filiales y aceración de sensibilidades y contactos en vez de las puras acciones) el film ganaría en profundización. Aún así, un trabajo valioso, característico del nuevo cine chino.
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