|
Tras "Jezabel" (1938) y "La carta" (1940), este fue el tercer encuentro entre el gran director William Wyler y la extraordinaria actriz Bette Davis, quien con su actuación en este título, una obra teatral escrita por Lillian Hellman que había sido interpretada en Broadway por Tallula Bankhead (la protagonista de "Náufragos" de Hitchcock), asentó su imagen de "malvada" de Hollywood, con una interpretación absorbente, palpitante, impía y perversa, lo mejor de este film centrado en la avaricia, la corrupción, la codicia y las dañinas consecuencias que en su entorno personal puede provocar esas tendencias de comportamiento.
La historia, dentro de su magnitud trágica, es muy simple, pero las actuaciones, con el debut en la pantalla grande de Teresa Wright y Dan Duryea y el sensible e incisivo tacto en la realización de William Wyler, quien ayudado por el talento en la dirección de fotografía de Gregg Toland, construye escenas memorables, como la que muestra la cruel pasividad de Bette en primer plano ante la desesperación de su agónico esposo subiendo las escaleras.
Esta eficacia narrativa acentúa la psicología de sus caracteres e intensifica el plano dramático, cimientos básicos de una película que hay que contemplar para entender la grandeza en la historia del cine de la incomparable Bette Davis.
Enlaces
Bette Davis Teresa Wright Dan Duryea
© Aloha Criticón. Todos los derechos reservados.
|