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Lugares comunes (2002) de Adolfo Aristarain
Puntuación lectores
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LUGARES COMUNES (2002)

Director: Adolfo Aristarain
Intérpretes: Federico Luppi, Mercedes Sampietro, Arturo Puig, Carlos Santamaría.

Fernando Robles (Federico Luppi) es un profesor de literatura universitario que es jubilado de manera forzosa en la ciudad de Buenos Aires. Junto a su mujer, la española Liliana (Mercedes Sampietro), viaja hasta Madrid para ver a su hijo Pedro.
Fernando y Pedro terminan discutiendo cuando el padre le echa en cara al hijo el abandono de su vocación para instalarse en una vida burguesa como trabajador de una empresa de ordenadores.

En “Lugares comunes”, el director argentino Adolfo Aristaraín construye una película sencilla e íntima, que reflexiona sobre los ideales, la pervivencia de ellos, la difícil transmisión de los mismos en un mundo materialista, y la honestidad individual en cuanto a pensamiento y forma de desarrollarse existencialmente en un contexto desbocado moralmente, gobernado por corruptos y delineado en sus pautas básicas por los núcleos de poder.

Es una reflexión vital y consciente de un hombre maduro y en crisis que tanto ofrece su cariz agriado, quejoso, como su faceta más afectiva y amable, en especial en su exquisita relación matrimonial con una templada y cordial Liliana, en donde no hace falta mostrar escenas de sexo, existiendo incluso más abrazos que besos, para definir una estrecha y delicada ligazón aposentada en el respeto, la admiración y el amor tierno y verdadero, sin estridencias.

En un ambiente de crisis sociopolítica, Aristaraín, con un admirable texto de claro semblante literario y unas soberanas interpretaciones, en especial de la pareja Federico Luppi y Mercedes Sampietro, parece lamentarse de la pérdida de principios y de la merma un enfoque idealista individual y colectivo, ausente en el vínculo filial del matrimonio, que persigue una satisfacción material, pasajera, a pesar de no encontrar la felicidad completa en el apartado sentimental, ni tampoco en el laboral, alejándose de su desarrollo vocacional.

Emplea, quizá un tanto gratuitamente, la remembranza del lema de la igualdad, libertad y fraternidad de la Revolución Francesa, para ubicar de manera cuasi romántica el idealismo del personaje central, quien en voz en off, y con un tono melancólico, afirma que el mundo, a pesar de sus avances, todavía está anclado en las preguntas existenciales de los filósofos de la Antigua Grecia: ¿qué?, ¿cómo?, ¿dónde?, ¿cuándo?...

El contraste, definido a través de la relación paterno-filial, del idealismo y el materialismo, de la honestidad y la “traición” a las ideas, no está roturado en demasía a pesar de las apreciables claves líricas, pivotando toda la reflexión vital en el personaje, entrañable, del sabio y quimérico profesor.

No obstante, las buenas intenciones temáticas, los diálogos espléndidos, la sutil conducción narrativa y las magníficas actuaciones convierten a este film en un notable ejercicio cinematográfico.


Podríamos decir que echabamos de menos a Aristaráin; despues de cinco años, el santo y seña del cine argentino vuelve con otra pequeña joya cinematográfica, tras sus últimos trabajos: Martín (hache) y la excepcional "Un Lugar en El Mundo", ahora nos presenta "Lugares Comunes".
Podríamos decir que estabamos hambrientos de cine argentino, pero a Adolfo Aristaráin le han salido sustitutos en la Argentina. Ahora tenemos en la cartelera española una media de tres o cuatro películas procedente de aquel país, y con tanta calidad como las de Aristaráin.

Sin embargo, en estos tiempos de desidia ideológica en el mundo, sus ¿utópicas? películas no resultan ningún pin, ninguna chapa en la americana, no resultan un panfleto que queda bien solamente.
La torticera idea extendida de que ya no existen las izquierdas ni las derechas sigue teniendo validez y vigencia, al menos para algunos. Las ideas están ahí, y como decía el poeta deben ponerse en práctica, sino engendran pestilencia.
Federico Luppi (Fernando) encarna, como siempre ese papel, pero en la película también aparece el jóven personaje de Natacha, la joven compañera de Carlos, el fiel ámigo de Fernando, también cercano a los sesenta, que nos concibe esperanza en la lucha por un mundo más justo, más libre, más fraterno, más solidario.

Quizás Aristaráin de una vuelta más de tuerca en el referente ideológico y nos lleve, no a Marx, sino a 1789, a la Revolución Francesa, a la libertad, a la fraternidad y a la solidaridad.
En las democracias, el pueblo es el que tiene la palabra, el pueblo es el máximo responsable de nuestro gobernantes, quizás el papel del intelectual deba tener más peso específico en las democracias, quizás aquel todo para el pueblo pero sin el pueblo sea un slogan que recuperar, quizás sea el pin que haya que llevar en nuestra americana.
El qué hemos hecho nosotros mal para que nuestros gobernantes sean así, el qué hemos hecho mal para que nuestros hijos o amigos sean todo lo contrario de lo que pretendimos es un tema recurrente tanto en esta cinta como en Martín (hache) o en Un Lugar en el Mundo. Los hijos se nos venden a las multinacionales y los amigos se venden al patrón por cuatro duros.
Lugares Comunes resulta una película pura, desnuda, llena de luz; el hombre frente al futuro, frente al amor, frente a la amistad. Lugares Comunes merece la pena ya sólo por algunas escenas memorables como el diálogo entreverado de humor, ternura y desgarro entre Fernando y Tutti Tudela, un personaje femenino vestido de rojo lucifer dispuesto a poner a prueba al héroe; escenas como la cena en casa con Natacha y Carlos, o la conversación entre Fernando y su hijo en Madrid son muestras del cine de contenido ideológico de Aristaráin.
Aristaráin nos pone a prueba, nos interroga sobre qué futuro queremos. ¿Debe la situación de nuestra sociedad cercana hacer cambiar nuestra manera de ser? Fernando ve la situación de su país desde la caverna platónica, esto es, desde la televisión, quizás piense lo que decíamos arriba, el pueblo eligió a sus representantes y estos les llevaron al pedo.

Los lugares son todos comunes, el futuro no debe importarnos demasiado si hay amor y si actúamos con coherencia. A Fernando, Madrid le parece un lugar maravilloso, a su hijo, un país de verdad, pero a Lili, la mujer de Fernando, el único país maravilloso es Fernando (eso le dice a su nuera). A Fernando y Lili no les importa vivir en Córdoba, alejados de la ciudad, tampoco lo ven como su retiro; Fernando no saca los libros de las cajas, ¿quien sabe, si no volveran a cambiar de lugar?.

Uno de los temas de la película: el futuro nos debe hacer reflexionar sobre esa entelequia.¿Qué es el futuro? Aristaráin concluye su película amargamente. El futuro, el camino, se hace al andar, golpe a golpe. Quizá no nos debería preocupar tanto.

Rubén J Gutiérrez d'Aster

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