Aunque no llega a los extraordinarios niveles de "Hasta que llegó su hora" o "El bueno, el feo y el malo", este título, segundo protagonizado por Clint Eastwood para Sergio Leone tras "Un puñado de dólares", es una buena muestra del proceder cinematográfico del director italiano en lo que respecta a sus históricos spaghetti westerns, unos títulos de preeminencia hombruna, que deslucían la épica y la heroicidad tradicional del oeste clásico para componer unos personajes de motivación egoista y ambiguedad moral, alejados de la usual confrontación maniquea que define gran parte de las tramas encontradas en Hollywood.
La presentación de los mismos, generalmente antihéroes solitarios y de sobria palabra, suele recaer en su comportamiento gestual, miradas o andares, ya que en estos westerns es mucho más importante el aspecto visual que el verbal, dilatando la emoción perseguida con heterodoxos primeros planos en scope o enfocando de manera lírica y operística las secuencias de acción, que enfatiza de manera sugestiva la época violenta del periodo.
La innovadora música de Ennio Morricone, mixturando desde una genial perspectiva propia elementos de jazz y avant-gardé, crea una partitura imprescindible, superlativa e imperecedera, que enaltece con su hechizante atmósfera el conjunto del film.
Todo esto sin una narrativa animosa y un guión interesante no valdría absolutamente para nada, afortunadamente, Luciano Vincenzoni y el propio Leone escriben una historia muy entretenida, cimentada en la venganza, la amistad y la avidez de lucro.
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