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Lo importante en este tipo de películas (las de náufragos) es como sus hacedores arropan el previsible deja vu establecido en las clásicas vicisitudes de supervivencia que rodearán al referido protagonista del naufragio (carencias múltiples, soledad, lucha contra los elementos naturales y ajenos a su entorno más cercano, búsqueda de salvación...) y cómo ese mismo protagonista es dibujado por el guión y reflejado tanto física como emocionalmente por la consiguiente mano directorial. Esta película demuestra que a pesar de tanta referencia anterior, se puede presentar un trabajo digno sobre la materia destacable en especial por la soberbia interpretación de Tom Hanks.
Aunque Robert Zemeckis y su guionista William Broyles podrían establecer, partiendo de la singularidad del infortunado Noland en su sistemática laboral, una parábola social crítica con el ritmo de vida moderna occidental, alienador del propio individuo que se ve engullido en una maquinaria ultrareglada y cronométrica; "Náufrago" sorprende por su notable capacidad de mantener interesado al espectador con las andanzas de un solo personaje en un único escenario, fundamentado en la extraordinaria capacidad interpretativa de Hanks y en la adecuada modulación en la realización de Zemeckis, que traslada elogiosamente a las imágenes el sentimiento necesario para su contenido (la esencia del buen cine), sea éste de corte aventurero, romántico o humorístico. Atención al "actor mudo" Wilson, protagonista de varias de las mejores escenas del film, un film que afronta en su progresión dramática temas como la necesidad ineludible de la relación social, la disposición de sacrificio para la consecución de fines o la imprevisibilidad del caprichoso destino, siempre presentado con tintura optimista.
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