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El avezado director Henry King, quien no carece de buen pulso en su narrativa, adapta la obra homónima del gigante de la novelística estadounidense Ernest Hemingway, con medianos resultados (sin comentar el happy ending hollywoodiense, contrario al final del libro).
La penetración psicológica del personaje en cuitas existenciales está trivialmente recogida, ya que se centra básicamente en sus relaciones sentimentales y la significación de su pareja en su modus vivendi, olvidando aspectos más interesantes en la vida del escritor de la Generación Perdida, con su vida despreocupada y aventurera, asuntos retratados durante la película (pasión por España y los toros, su participación en la Guerra Civil, su existencia bohemia en París, sus constantes cambios de residencia) pero sin incidencia más allá de la anécdota sentimental y exigida.
Cuando lo intenta al final del metraje, sin jamás perder el enfoque melodramático, el resultado resulta bastante parsimonioso y plúmbeo.
Es interesante la consecución atmósferica, con una turbadora partitura de Bernard Hermann, el tono nostálgico y mohíno con que se maneja el relato cinematográfico y las vistas africanas en plan documental, maravillosamente fotografiadas por Leon Shamroy.
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