|
Si a la sabiduría textual le añadimos el manejo direccional de uno de los más grandes directores que ha conocido el séptimo arte, Ernst Lubitsch (maestro de entre muchos el propio Billy Wilder), tenemos ante nosotros una de las mejores comedias de la mejor época del género: finales de los años treinta, comienzos de los cuarenta.
Tres comisionados soviéticos (Sig Ruman, Félix Bressart y Alexander Granach) visitan París para vender unas joyas que habían pertenecido a la antigua aristocracia rusa. Su antigua propietaria, la Gran Duquesa Swana (Ina Claire) envía a su locuaz amante León Dolga (Melvyn Douglas) para intentar mover hilos legales y poder recuperarlas. En su propósito, León lo que consigue es atrapar al trío del este bajo los encantos sexuales y festivos de la ciudad de la luz. Ante la larga ausencia, la administración de Moscú envía un nuevo y férreo representante de su gobierno: Ninotchka (Greta Garbo).
Presentada en su tiempo con el slogan publicitario de "Garbo ríe" (acostumbraba como estaba a representar papeles dramáticos), la cinta contiene todos los ingredientes de las buenas comedias: pericia narrativa con gran ligereza en su ritmo, el talento elíptico y sugerente tan acostumbrado en su autor, brillantes diálogos, situaciones chispeantes, perfecto dominio de la puesta en escena, grandes actuaciones (en especial de un cínico Melvyn Douglas) y en consecuencia, estupenda descripción y conducción de la trama, una trama revivida en Broadway en formato musical y en el cine unos años después de forma notable por Rouben Mamoulian en "La bella de Moscú" (con el inigualable Fred Astaire y la hermosa Cyd Charisse). Breve papel para el mítico Bela Lugosi.
Enlaces
Greta Garbo
Melvyn Douglas
© Aloha Criticón. Todos los derechos reservados.
|