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Nuevo y feliz encuentro entre dos de los grandes del cine, Howard Hawks y Cary Grant, tras "La fiera de mi niña" y "Luna nueva" y antes de "Me siento rejuvenecer".
Lo de casi siempre en las comedias de Hawks supone los primeros minutos de este título: un personaje masculino ofuscado y metido en líos por culpa de la presencia de una mujer de fuerte carácter; posteriormente se suaviza esta condición y se establece una certera y divertida puya administrativa. Aunque el ritmo no sea tan frenético como el ofrecido en "La fiera de mi niña" o "Luna nueva" y los personajes secundarios no ofrezcan mucho juego a la pareja protagonista la película no tiene desperdicio cómico. En su primera parte, se desarrolla la típica y mordaz batalla de sexos muy del gusto de Hawks con unas agudos y brillantes diálogos de Charles Lederer (Luna Nueva), Hagar Wilde (La fiera de mi niña) y Leonard Spigelglass (La bella de Moscú) con momentos para un aceptable sentido del slapstick protagonizado mediante uno de los vehículos más ridículos de la historia del motor: el sidecar.
La segunda robustece la sátira que preside todo el conjunto del film sobre la burocracia. La trama adopta para tal sátira una postura de farsa y comedia de equívocos, sin cesar desde sus comienzos de referirse a horarios (dentro de tantos minutos, a las tal horas, en unos días...) y a papeleos y mandatos (ordenanzas, reglamentos, instancias, siglas en puertas, edificios, bloques, impresos, documentos...) llegando a angustiar a un pobre ser humano que no logra encontrar un hueco para dormir la noche de su boda y que le obligará para volar con su esposa a los EEUU a disfrazarse de (horrible) mujer. Magnífica comedia.
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