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Un título extraordinario. Por su asfixiante visualidad, que emplea la simbología natural y el cuento sobrenatural como concurrentes de una enrarecida situación pasional y una mesmérica descripción interpersonal, resaltada por una ecléctica banda sonora de inspiración tribal, una brillante fotografía claroscura y una tonalidad misteriosa.
El relente escenario, dominado por juncos azotados por el viento, es el contexto para una alegoría sobre la destrucción, la muerte y sobre todo, la necesidad humana de supervivencia y compañía, especialmente de connotaciones sexuales.
El tratamiento del material que maneja Kaneto Shindo es soberbio, conformando una sencilla historia triangular con una definición espectral y sombría, de exaltada tensión erótica y febril despliegue emocional. |  |
Casi todas sus escenas esgrimen un sobresaliente talento fílmico, con un poderío estético fascinante, empleado como expositor de las ansias vitales de unos protagonistas condicionados en su comportamiento por una atmósfera amoral, hosca y claustrofóbica.
El encuentro entre la mujer de mayor edad (genial interpretación de Nobuko Otowa) con la pareja haciendo el amor, tiene una pujanza extraordinaria, con una pasmosa vinculación dendrófila en el anhelo de un deseado placer conjunto. Otros momentos inolvidables, además de las apariciones demoníacas, son todas las escenas en las que interviene el samurai enmascarado, personaje clave para el progreso final de esta gran película.
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