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Inicio de la famosa serie dedicada al felino rosado firmada por Blake Edwards, un director y guionista surgido a finales de los 50 muy dotado para la construcción de comedias con cierto nivel de sofisticación.
En esta ocasión acomete una caper comedy destacada por su ágil exposición, tonalidad enloquecida y principalmente, por la creación de uno de los personajes cómicos más disparatados que ha conocido el cine, el inspector Clouseau, encarnado magistralmente por el británico Peter Sellers.
El sagaz Edwards, dándose cuenta de la potencialidad del lerdo y simpático personaje (en este primer título aparece como secundario), eliminó en las posteriores entregas sus vínculos matrimoniales y lo utilizó como pivote esencial de toda la intriga policial que se movía a su paso. Aquí, el personaje central es el refinado David Niven, que ofrece un contrapunto de elegancia a la característica torpeza del policía francés.
Lo mejor de la película son las escenas en las que interviene Peter Sellers, en especial el ir y venir del baño a la cama mientras Niven y Robert Wagner intentan zafarse de su presencia y la alocada persecución final automovilística.
Es una concatenación de situaciones muy bien ideadas, narradas sin frenesí y con mucho estilo. Cuando desaparece Sellers de la pantalla, la película pierde mucho en su función cómica pero el fluir de la trama, con recovecos románticos, nunca desciende en su interés, pues todos los personajes sirven para solidificar el conjunto de la entretenida historia.
Clave es destacar la magistral y ya legendaria banda sonora compuesta por el gran Henry Mancini y el éxito de la pantera rosa aparecida en los títulos de crédito, que propulsó la creación posterior de una popularísima serie de dibujos animados.
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