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El patriotismo exacerbado resulta en muchos casos negativo, ya sea porque casi siempre es planteado desde una óptica violenta y hasta irracional, ya sea porque responde a una característica diferenciadora entre los seres humanos por cuestiones de territorio que desembocan en la citada virulencia, odio, rencor o venganza, como así sucede en el argumento base de este nuevo film interpretado para más gloria de Mel Gibson.
Visto el pasado más reciente de su director con realizaciones como "Godzilla" (1998) o "Independence Day" (1996) sorprende la manera como está narrada y puesta en escena esta historia llena de valga la redundancia, irregularidades históricas. La narración es pulcra, llevada con buen pulso y con regusto a sabor clásico a pesar de incorporar el últimamente manido realismo bélico encontrado en films como "Salvar al soldado Ryan" o "Tres reyes", no en vano el guionista de "El patriota" es el mismo que el de la película de Steven Spielberg. Los aspectos técnicos están acabados de forma soberbia, destacando en especial una fotografía espléndida no exenta de reminiscencias pictóricas que sirve para componer algunos planos realmente bellísimos y que intenta acompañar el sentimiento que se quiere expresar con la imagen. Mel Gibson cumple en su papel de héroe familiar dispuesto a redimirse por su pasado a costa de sus hijos; a su lado, el extenso papel de secundarios interpreta con tino a los diferentes personajes, ya sean colonos americanos, militares británicos o milicianos franceses.
Las taras se establecen en el encendido maniqueísmo tipicamente estadounidense, maniqueísmo utilizado en la construcción del héroe patriota, héroe que bandera en ristre sacará fuerzas de flaqueza para enfrentarse con vigor inusitado a sus poderosos enemigos; también el cliché de la reiteración de sufrimientos por parte de su protagonista y de acciones poco creíbles en medio de una acción (eso sí) bien contada no ayudan a engrandecer el film. La pretenciosidad antibelicista que de soslayo se ambiciona establecer es fallida ya que el desarrollo del título lo único que hace es poner de manifiesto la (falsa) importancia de la vehemencia como consecución de fines. La familia, en especial los lazos paterno-filiales, el amor y el odio o la esclavitud son temas que este film toca, un film que merece la pena sobre todo por la calidad establecida en sus apartados técnicos y por el sentido descriptivo que el director utiliza para contarnos a su manera una etapa importante para la creación definitiva de los Estados Unidos de América.
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