• Por Antonio Méndez

Este genial autor de culto francés (nacido en Uruguay) es una figura clave en la literatura moderna. Es importante la ascendencia del Conde de Lautréamont en los surrealistas (y dadaístas, por citar otra vanguardia) y su capacidad para expresar con un lenguaje de impacto heterogéneos espacios alucinatorio-líricos, apocalípicos, pesadillesco-ensoñadores, macabros…urgando en los conflictos morales, el erotismo, la religión, la confrontación con el hombre y su creador, la muerte…

Su descontento con todo y todos, su rico universo estético con raíz en el inconsciente y en la naturaleza, y su revolución libertaria e independiente a nivel ideológico-literario le convierten en punto de referencia para los amantes de la vanguardia inconsciente, de los aspectos más negruzcos de la existencia y los aposentados en la misantropía más recalcitrante de Lautréamont/Maldoror.

André Breton cayó rendido a los pies de estos cantos (publicados en 1868) y de Isidore Ducasse (muerto a la temprana edad de 24 años), que recogen su fuerza en su complejo aspecto alucinógeno-oscuro-misántropo más que en la trama y personajes. ¿Y quién no ante tal semejante epopeya y collage de delirio, extrañeza, independencia y derroche de libertad en un desdén y rebeldía hacia sus congéneres y el propio Dios?

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