• Por Antonio Méndez

Crítica

A través del monólogo interior, Francisco Umbral establece una reflexión sobre su persona, su presencia física, su memoria, su contexto y el ciclo vital, hilvanando en claves de prosa poética una lamentación lírica y emotiva a su fallecido hijo.

Posee “Mortal y Rosa” (1975) opulencia en la profusión de imágenes y en una riqueza léxica que horada en su estado a través de un flujo de conciencia en el que el autor de manera espontánea da cabida a misceláneas sensaciones y cavilaciones, las cuales arrastran la obra hacia un acomodo más experimental cuando se libera toda la emoción volcada en la ausencia filial.

Existen en el libro, en base a ello, pasajes realmente valiosos, hasta fascinantes, que tanto describen una situación marcada por la ironía o el cinismo, como trasladan al lector a su abatimiento y rotura emocional, tintando de tristura el texto humedecido en poesía.

Sin embargo y a pesar de que se trata de la mejor obra de su prolífico, afectado e irregular autor, la iteración del discurso y la copiosidad del lenguaje, a veces demasiado sobrado en su afán lírico, podrán distanciar y amodorrar al lector que no conecte con la expresión emocional, tan agradecida para la trascendencia, ligada a la carencia y la pérdida.

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