• Por Antonio Méndez

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Si en el 2004 los canadienses Arcade Fire publicaron uno de los discos más interesantes del año con “Funeral”, tres años más tarde resaltan su inicial valía con este “Neon Bible”, álbum que prorroga las virtudes y tonalidades de su debut, con trascendencia emocional en gradaciones oscuras, espléndidos textos, densidad en texturas sónicas con lugar al pop gótico-orquestal, el folk-rock, el glam o el post-rock.

Aunque poseen suficiente personalidad a nivel instrumental y un talento indudable como letristas, no dejan de poseer referencias claras en su escritura. Desde David Bowie a Bruce Springsteen, pasando por Neil Young, Echo & The Bunnymen, los Pixies, Bob Dylan, los Talking Heads o incluso Prefab Sprout, pueden vislumbrarse en la escucha tanto de su funeral como de su biblia de neón.

La riqueza en textos de apreciable significación literaria y madurez intelectual mostrada en su primer disco grande pervive en el segundo, y con temas y tonos muy similares que recaen en la angustia existencial con atmósferas insanas, la presencia constante de la muerte, algún retrato generacional, la huida de la cotidianeidad a base de los sueños (a veces tornados en pesadillas) y la imaginación, el contraste entre hipocresía en creencias y búsqueda sincera de espiritualidad…

La intensidad emocional con desarrollos en crescendos es una característica de una escritura que denota también tacto melódico y un cuidado en los arreglos como énfasis de las sensaciones exhibidas, en ocasiones demasiado recargadas, que entrega la comunión entre los textos sombríos y una épica instrumentación.

El álbum se abre con el corte post-rock “Black Mirror”, en donde se ubican en imaginerías de maldición y distopía, con apuntes alucinatorios y atmósferas de muerte con lugar para la divagación en el fondo del océano.

No es un mal comienzo para un disco de creciente aprecio, en donde tanto hay espacio para el folk con resonancias de Bruce Springsteen, como “Keep the Car Running”, historia de nomadismo con escenarios onírico-pesadillescos, y la acústica “Antichrist Television Blues”, con posibles alusiones al 11-s y referencias de fe, como para el folk a lo Neil Young, como en “Windowsill”, notable canción de conflicto generacional con padres despersonalizando a sus hijos, o en la propia “Neon Bible”, asentada en la supervivencia, la esperanza, la religión y la muerte. Tres asuntos claves en la lírica del grupo de Montreal.

Al margen de las tonadas de esencia más folk, el disco contiene otras piezas de mérito, como “Intervention”, pieza de desencanto, antibélica, con soldados muriendo y gente rezando, “Black Waves/Bad Vibrations”, con voz femenina, arreglos espectrales y sentimiento de huida, u “Ocean of Noise”, canción sobre la manipulación y la violencia con sonidos de tormenta, guitarra elegante y tempo pausado marcado por un melódico bajo.

Dos de las mejores canciones del álbum son las que poseen un ritmo más dinámico, “The Well and the Lighthouse”, una mezcla palpitante entre Bowie y los Talking Heads, y “No Cars Go”, en donde el camaleón se alía con los sofisticados Prefab Sprout y con Echo & The Bunnymen para, a través de un efectivo minimalismo lírico, potente percusión, y arreglos de cuerda y viento con final épico, los Arcade Fire se sitúen de nuevo en el sueño y la imaginación como lugar privativo y escapismo de la grisácea realidad.

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