• Por Antonio Méndez

fleet foxes discos criticaCrítica

En el año 2008 los Fleet Foxes lograron con su debut homónimo llamar la atención internacional gracias a su folk pop melódico de tempos lentos y uso de armonías vocales con influencias del soft rock, del pop barroco y del folk que en ocasiones evocaban a Crosby, Stills & Nash, en otras a Paul Simon y también a Cat Stevens. Su continuación, este “Helplessness Blues”, es una prórroga de su primer sonido.

En “Montezuma”, repiques acústicos clásicos del folk con juegos vocales a lo Beach Boys, hay una reflexión introspectiva de su cantante y compositor Robin Pecknold sobre el paso del tiempo y lo efímero de la existencia.

“Bedouin Dress” es una balada que mezcla a James Taylor y a Crosby, Stills & Nash con elementos del folk irlandés (referencias a Innisfree) y algún sonido oriental. Críptica, como casi todo lo de Pecknold, parece tratar una redención recordando actitudes egoístas que no devolvieron apoyos.

“Sim Sala Bim” es un corte estilo Paul Simon. Canción lenta con punteos acústicos, crescendo, referencias bíblicas a Sansón y Dalila, y partes de temblorosos violines con uso también de mandolina. Imágenes de hombres encendiendo cerillas en la oscuridad. Muy bonito, pero Robin… Más claridad en lo que quieres contar y cantar.

Enfática percusión en “Batterie Kinze”, un tema folk estándar sobre un hombre que ha perdido a su pareja y, esperándola, la visita en compañía de su nuevo acompañante. Me acerqué a tu ventana y tiré una piedra y aguardé. El extraño salió y no dijo nada bueno… Pues lo normal, qué esperabas.

Una de las canciones más sugestivas del disco es la lisergia folk “The Plains/Bitter Dance”, corte de tono intrigante con juego de voces en un larga intro de interesantes arreglos. Intensa y envolvente. Crosby, Stills & Nash con ecos de It’s A Beatiful Day. Ambos no le harían ascos a esta pieza sobre regreso a casa.

“Helplessness Blues” es la canción que titula el álbum. Melódica y confesional con promesas de cambio y actuación… Algún día será como el hombre de la pantalla… De nuevo nos transporta con sus sonidos a territorios de Simon & Garfunkel y Crosby, Stills & Nash.

“The Cascades” es un grato y corto instrumental en la mitad del disco, preludio de “Lorelai”, con pomposos coros sobre un pegadizo ritmo vals-folk y aportes bucólicos de flauta. A destacar la retozona línea de guitarra acústica y la belleza de la melodía con recuerdos de una ex: todavía te veo cuando intento dormirme.

“Someone You’d Admire”, desnudo y tranquilo tema… Después de que todo está dicho y hecho, sólo Dios sabe en qué me convertiré… Destino, definición de personalidad… Incide Robin Pecknold en madurar, en desarrollarse como persona dentro de un contexto de dudas. Una canción emocional, sensible.

La pieza más extensa del disco, y una de las más satisfactorias, es “The Shrine/An Argument”. Hermosa suite folk psicodélica de ocho minutos… Las manzanas en el verano están frías y dulces, verdes manzanas cuelgan de mi manzano verde (lorquiano se pone…) y yo contemplando el mar, golpeando las olas cerca, cada vez más cerca. Variantes de tempo y lirismo con un personaje en simbiosis natural tras lo que parece una ruptura amorosa. Pecknold incluye una nueva referencia al paraíso ficticio, evasivo, de Innisfree vía William Butler Yeats.

“Blue Spotted Tail” mezcla a Donovan con Cat Stevens en una preciosa melodía.

Se cierra el álbum con “Grown Ocean” con una propuesta onírica y redundante. Atmosférica pero menor. Un disco para quienes gusten de proyectos como Iron & Wine o Grand Archives.



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