• Por Antonio Méndez

screaming trees dustCrítica

Los Screaming Trees pusieron punto y final a su trayectoria con este fenomenal álbum. Una obra maestra y una de las cimas del rock de los años 90 grabada por un combo procedente de Seattle que iba más allá de la estética grunge para ofertar en “Dust” un excitante conjunto de canciones de base psicodélica que tanto deparan apasionados cortes rock como baladas memorables (no menos apasionadas) en su conexión entre la lisergia de finales de los años 60 y el hard-rock de los 70 con el grunge coetáneo.

La fosca poética de grave exposición emocional (con variados asuntos en torno a la muerte, el amor y asuntos espiritual-fantasmales), las ricas texturas vocales e instrumentales con incisivos riffs, las inmejorables melodías, los estribilllos-himno, o la aportación de los teclados de Benmont Tench, son elementos de un disco épico con George Drakoulias a la producción, quien cohesiona el conjunto en un caleidoscopio de hipnóticos sonidos.

Mark Lanegan (todavía aquí con su voz barítona no tan bronca) prorrogó el legado de los Screaming Trees con sonidos más pausados y tradicionales. Pero sin los hermanos Conner las cosas no fueron lo mismo.

La carga lisérgica del disco se aprecia a la perfección en “Halo of Ashes”, una especie de mezcla entre el “Revolver” beatleiano con los Led Zeppelin más experimentales, en donde la percusión con la tabla o el djembe, el armonio, el mellotron, las guitarras, el sonido del coral sitar y la lírica de bella imaginería sobre amor mortuorio se coaligan para aportar una atmósfera oriental-hindú. A pesar de sus virtudes es quizá el tema menos satisfactorio de un disco ejemplar.

Tras este comienzo llega una de las mejores piezas del disco y una de las canciones más populares del LP, el single “All I Know”, en donde, con una intro cercana al “I Am the Walrus” de los Beatles, exhiben su capacidad para crear grandes himnos con melodías magníficas, vivificantes riffs con enérgica distorsión de guitarras, mágicos coros, estribillos gloriosos, wah-wahs y un sentido rítmico y climático fuera de lo normal.

screaming-trees-dust-criticaEl disco encadena joya tras joya. “Look At You” es una balada extraordinaria interpretada con tono melancólico, enfáticos arreglos finales, maravilloso riff de piano eléctrico; mientras que “Dying Days”, con intro sosegada de guitarras acústicas y sutil teclado casi a lo Procol Harum, despliega en su lírica las exposiciones espirituales habituales encontradas a lo largo del álbum, agitándose el tema con la entrada de la batería y las guitarras eléctricas. Mike McCready, el miembro de Pearl Jam y Mad Season, interpreta el solo de guitarra para un tema de apabullante estribillo. Imposible no cantarlo. “I walk the ghost townnnnn, used to be my city…”.

La magistral “Make My Mind” nos hechiza con esa jangle guitar que parece simular las campanas aceleradas de una iglesia. La melodía es sensacional, la percusión, la voz de Lanegan, las armonías, el dulce estribillo con muro guitarrero, el intensísimo solo del gran Gary Lee Conner… Bufff. Qué temazo.

“Sworn and Broken” vuelve a calmar el disco con una bella balada y muro de rugientes guitarras eléctricas que toman el relevo de la inicial acústica. Las mismas no resultan nada intrusivas en el concepto delicado de la poética y de un tema muy ornamentado por cuerdas y los arreglos vocales. El solo de teclado de Benmont Tench quita el resuello. Una delicia, una maravilla, como así también lo es la tercera balada del álbum, “Traveler”, pieza con mellotron y guitarra acústica en la intro y el estribillo con cierta semejanza al “Across The Universe” de los Fab Four.

La sensacional ”Witness” nos lleva de nuevo al hard-rock con un Gary Lee jubiloso en la guitarra en este adictivo tema con batería final a lo Keith Moon. De nuevo asombra el poderío del grupo en la escritura melódica, en los ritmos, en la creación de estribillos…

Este gran trabajo se culmina mostrando sus basamentos más psicodélicos con “Dime Western”, en donde vuelven a emplear el coral sitar y teclados con sabor oriental; y en la épica “Gospel Plow”, con sonidos hindúes aportados por la tabla y el armonio, con un prominente Van Conner al bajo y ecos que tanto evocan a los Doors como a los Led Zeppelin del “Kashmir”.

Un álbum imprescindible y una de las cumbres del rock de las últimas décadas. No. De la historia del rock.

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