• Por Antonio Méndez

Crítica

Existen “disckjockeys” sin bagaje melómano que malinforman y son presionados para promocionar música basura, porque, también es verdad que, generalmente, no conocen otra. La independencia de tiempos añejos cuando la música era verdaderamente auténtica es lo que añora Tom Petty, en este fenomenal trabajo (no podía ser menos viniendo de Petty) que ataca con saña a la industria musical actual y en especial a sus mandamases.

Se podría acusar a Petty de que estas diatribas son realizadas desde una cómoda postura, ya que el propio Tom está inmerso en la industria y su posición económica ya no depende de las decisiones de nadie. Pero también es cierto que no se calla, que no entra en el sistema del silencio, adoptando en este álbum una postura combativa, agria, en contra de estos tejemanejes de promocionar sonidos baratos, figurines sin talento y olvidarse de apoyar al músico de valía aunque éste no pueda vender discos porque no siga modas y su rostro no sea el de Brad Pitt, configurándose así unos tiempos muy mediocres para el rock que el rubio cantante denuncia en varios de los temas de “Last DJ”, un LP producido por George Drakoulias.

Además sus narraciones, preferentemente desarrolladas con sonidos acústicos que recuerdan al magistral “Wildflowers”, no se pierden en metáforas ni en simbología fútil. Van al grano y se sabe perfectamente lo que está contando. No hay recovecos oscuros ni crípticos, solo el relato de historias en donde, además de temas de amor y descripciones nostálgicas, se expone agriamente su posición sobre la música actual, culpando de todo a los grandes ejecutivos de los sellos discográficos, más preocupados en vender y forrarse que en publicitar la buena música.

En “The Last Dj”, una de las canciones más rítmicas del álbum y una de las cumbres del LP, denuncia la pobreza musical que suena en las radios y evoca la figura de un discjockey que todavía se resiste a esta mediocridad.

There goes the last DJ

Who plays what he wants to play

And says what he wants to say, hey hey hey

And there goes your freedom of choice

There goes the last human voice

There goes the last DJ

En “Money Becomes King”, un tema que encajaría a la perfección en “Wildflowers”, recalca con ironía lo que todos sabemos. El dinero es el amo y lo que importa es llenarse los bolsillos, hecho que suele transformar a tu artista de culto con una empatía especial con sus seguidores en monigote de masas acomodado a la fama y a una música poco original.

Johnny rocked that golden circle

and all those VIP’s

and that music that had freed us

became a tired routine

A lo largo de todo el disco se aprecia la influencia de dos de sus máximos maestros, Bob Dylan y los Beatles. Solamente existe una diferencia, Petty es superior a Dylan a nivel de creación de melodías (no a los Beatles, claro), lo que hace sus canciones muy disfrutables aunando perspicacia en los textos con melodías excelentes.

En la estupenda canción rock “Joe” arremete directamente contra los ejecutivos de las compañías, encargados de manufacturar ordinarios grupos y solistas cortados por un mismo patrón en base al “Tú serás famoso y yo seré rico”.

Go get me a kid

with a good-looking face

bring me a kid

can remember his place

some hungry poet

son of a bitch

he gets to be famous

i get to be rich

or bring me a girl

they’re always the best

you put ’em on stage

and you have ’em undress

some angel whore

who can learn a guitar lick

hey, now that’s what i call music

En “Can’t Stop The Sun” vuelve a embestir contra los empresarios musicales, ahora con una guitarra reminiscencia, en un tema muy deudor de los Fab Four, del “Dear Prudence” de los Beatles.

Hey mister business man

be sure to wash your hands

be careful where you stand

’cause life goes on and on and on

Al margen de estas puyas contra la industria musical actual, Petty crea un clima evocativo, melancólico, con añoranzas, momentos románticos y búsquedas, con recorridos por carreteras.

Rememora tiempos felices en “Dreamville”, bonita balada con un nostálgico piano en la que emplea también orquestación y es influenciado de nuevo por los Beatles, al igual que en la preciosa “Like a Diamond”, hermosa melodía de amor de nuevo arreglada de manera estupenda por Jon Brion y el propio Petty.

“Lost Children”, fantástica plegaria con un inspirado teclado de Benmont Tench y brioso trabajo en las seis cuerdas de Mike Campbell, es una canción emanada del sentimiento, como también “Blue Sunday”, un tema dylaniano con ramalazos country, que contrasta con el alegre pop de “You And Me”, una estupenda canción de tono optimista, al igual que la simpática “The Man Who Loves Women”, corte con coros del miembro de Fleetwood Mac, Lindsey Buckingham.

En definitiva, otro disco imprescindible de Tom Petty.

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