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A la época de esplendor del Imperio Romano, con sus miserias y sus glorias, retrocedemos con Robert Graves para conocer de manera novelada datos y personalidades históricas, convenientemente excedidas (sin perder su humanidad) y magníficamente retratadas, con una representación psicológica de Claudio realmente cautivadora.
Narrado en primera persona como si de una autobiografía se tratase, el libro posee una cercanía narrativa y un enfoque íntimo sobre un período histórico fascinante, repleto de ladinas maniobras políticas y pérfidas intrigas políticas expuestas desde la mirada de un deponente de primer orden.
Este personaje está caracterizado por taras físicas y una apocada presencia, y se encuentra ubicado en un escenario cruel y perverso del que subsiste por su sensatez, perspicacia y sentido del humor, que convierte en varios momentos los acontecimientos casi en un relato de comedia negra.
Este libro, uno de los mejores ejemplos de novela histórica de todos los tiempos, pone de manifiesto la pasión por la antigüedad clásica del escritor inglés y el cariño mostrado por un personaje maltratado previamente con anterioridad por la historia.
Conoció en los años 70 una estupenda adaptación televisiva británica protagonizada por Derek Jacobi en el papel principal.
En 1934, año de la publicación del libro, aparecería también la segunda parte, “Claudio el Dios y su esposa Mesalina”.
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