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EL ESPEJO EN EL ESPEJO
Michael Ende
   
No es, sin duda, una de las obras más conocidas del autor por el gran
público pero constituye una de las muestras más depuradas del estilo de
Ende. La colección de narraciones breves que lo forman, crea para el lector
un viaje fantástico por el laberinto del Minotauro: Hor, el único personaje
con nombre propio en toda la obra.
De su mano, en cada narración o habitación del laberinto, el lector se
enfrentará a una estampa fantástica que le ayudará a indagar en el propio
sentido de la vida, en su belleza, sus miserias y contradicciones. Los
límites entre lo real y lo fantástico quedan desdibujados gracias a la
capacidad de Ende de dotar a cualquier situación de un aura mágica.
El autor genera, utilizando un lenguaje sencillo y limpio, pero de una gran
resonancia poética, una magnífica vidriera, repleta de claroscuros, de
paisajes fantasmagóricos y personajes - icono de la literatura occidental
como ángeles, princesas, campesinos y otros de destino humilde como el
funámbulo, el niño, la novia, que aquí se enfrentarán a situaciones
fantásticas pero con las que cualquier ciudadano podrá identificarse pese a
rayar en lo absurdo. Según se avanza en la lectura, todo va adquiriendo
sentido, hasta acabar cerrando el círculo, al otro lado de la puerta de
entrada al Laberinto.
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