 | UN MILAGRO EN EQUILIBRIO
  El Premio Planeta sigue acumulando “prestigio” con la selección de sus obras ganadoras: mucha fanfarria en torno al autor o autora y escasa, por lo general y salvo excepciones, calidad literaria, orientando todo a la faceta puramente comercial. “Un milagro en equilibrio” de Lucía Etxberría cuenta los sentires de Eva Agulló, una adicta famosa por un libro sobre adicciones que escribe una carta-diario a su hija recién nacida mientras su madre agoniza en un hospital. |
La familia, en especial las relaciones materno-filiales, la vinculación generacional y el propio hecho de la maternidad, son las bases de esta floja novela pseudoepistolar escrita en primera persona, a la que le sobran cien páginas en un texto que no va más allá de la futilidad retórica, le falta originalidad en asuntos y personajes, le sobra pretenciosidad cuando lo que maneja carece de profundidad, y le falta intensidad, consistencia narrativa y roturación emocional más allá de la diatriba redundante, que no va más allá de una pobre mirada coyuntural al mundo femenino y a exponer perogrulladas sociales superadas en el siglo XXI.
No obstante, si el lector, o especialmente, la lectora, pueden sobreponerse (o acostumbrarse) al cargante estilo de la autora, incluso puede que se identifique con la protagonista.
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BEATRIZ Y LOS CUERPOS CELESTES
 
“Beatriz y los cuerpos celestes”, novela que ganó el Premio Nadal y catapultó a la popularidad a Laura Etxebarría, establece primariamente un retrato de Bea, una chica de clase media alta madrileña, a través de sus relaciones con los demás, el conflicto amor-odio que mantiene con la madre, el odio definitivo hacia la figura del padre que le llevan a iniciar una relación destructiva de absoluta devoción hacia Mónica, una pija de clase alta devota del sexo y la vida al límite. En su huida de Mónica, conocerá a Cat, lesbiana militante con la que entablará una relación. Por último, Ralph será el hombre que destruya todas sus defensas emocionales. |
El libro no es más que una novela de personajes esquemáticos y tópicos que poco roturan en los asuntos tratados más allá de la superficie maquillada con referencias autocomplacientes.
Así diatriba sobre las mujeres en conflicto con su clase, con la sociedad y con el mundo. El ámbito de la delincuencia se encuentra tristemente retratado por un personaje llamado Coco, junto a tratamientos redundantes sobre el mundo nocturno y el trapicheo, la asepsia del mundo universitario…
Su lectura depara un conglomerado de vacuidades desplegado en pasajes realmente áridos que provocan que el ritmo de la narración sea desigual. Por último, la imaginería reiterativa de las fuerzas cósmicas en contraste con la nimiedad de la existencia humana carece de la fuerza suficiente y no impregna el texto, simplemente se trata de un recurso utilizado a lo largo de la narración pero que no se deja sentir por el lector, hecho clave para el éxito de una obra de enjundia.
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