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En este libro se recogen las “Cartas al marqués de Sevigne”, a través de las cuales se puede penetrar en la psicología de la liberada y hedonista aristócrata y escritora (autora también de “La coqueta vengada”), a la par que indagar en muchos modos y costumbres de la época, en especial en torno al arte amoroso.
Me preguntáis, marqués, si cuando una mujer os concede el último favor os da con ello una prueba irrefutable de su amor. Sí y no... Las razones para ceder estos últimos beneficios son infinitas. A una la decide la curiosidad; otra, poco aventajada en lo que a belleza se refiere, deseará afianzar al amante con el aliciente del placer; aquélla se convencerá de que necesita conquistar a un hombre con el único fin de engrosar su vanidad; otras cederán a la compasión, a las circunstancias o a la oportunidad, o simplemente al placer... Qué sé yo... El corazón es caprichoso y las razones que le deciden tan singulares y variadas que es imposible descubrir qué resortes lo manejan
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