En esta novela de 1919 Hermann Hesse narra en primera persona las memorias juveniles de Emil Sinclair, un personaje especial, ávido de expansión y conocimiento del universo moral, psicológico y espiritual que le rodea.
Sinclair se topará en este viaje hacia sí mismo con una serie de singulares caracteres que enriquecerán su personalidad, entre ellos el enigmático Max Demian.
Estamos ante una de las bildungsroman más fascinantes de la historia de la literatura. En la representación de la naturaleza del personaje central (Sinclair, no Demian) y su proceso de formación, Hesse, con un absorbente tono de intriga y misterio, establece un retrato psicológico profundo y complejo con numerosos recovecos filosóficos y existenciales e influencias en sus manifestaciones intelectuales de, entre otros, C.C. Jung y Friedrich Nietzsche.
La dualidad es uno de los temas básicos de Hesse, aquí significado en la cuestión moral de la indivisibilidad de los dos mundos que conforman nuestro ser (el luminoso y el oscuro) y ejemplificado en los modales serenos y burgueses de la familia de Sinclair y las aperturas-dudas intelectuales que provocan en el protagonista las aseveraciones de Demian, con quien Emil comparte un sentir especial, diferente e individual que les aleja del gregarismo de una masa social que participa de normas colectivas superficiales y aborregadas.
La dominación psicológica, la importancia de la duda o la exploración de la identidad con debates de base gnóstica son asuntos que confluyen en este texto que a veces se anega en su pretensión y reiteración de planteamientos pero que en general resulta un ejercicio rico y brillante sobre formación y maduración personal, una turbulenta y apasionante inmersión en el azoramiento interior de un joven con ansias del descubrimiento de su existencia y su destino.
Apuntes de su contexto político En el año 1919, un año después del fin de la Primera Guerra Mundial, Alemania inició la República de Weimar, régimen que perduró hasta 1933. En el mes de julio se aprobó la Constitución de Weimar. El presidente alemán era Friderich Ebert, líder del SPD (Partido Socialdemócrata Alemán). Ebert también ocupó puesto de canciller, aunque ese año cedió ese cargo a Philipp Scheidemann(SPD). En la parte final de 1919 fue canciller Gustav Bauer (SPD). En junio de 1919 se firmó el Tratado de Versalles, en donde se calificaba y cuantificaba la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial. El país germano tuvo que ceder territorios y, entre otros acuerdos, asumir responsabilidades materiales y morales.