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Baudelaire, Charles. Los paraisos artificiales.
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LOS PARAÍSOS ARTIFICIALES (1860)
Charles Baudelaire

Con referencias a las “Confesiones de un inglés comedor de opio” de Thomas de Quincey, estos “Paraísos artificiales” de Charles Baudelaire configuran un ensayo del que el autor galo estaba más que satisfecho, considerando incluso el libro su obra más perfecta.

El experto en consumo de drogas de importante pasado opiáceo carga contra los efectos de esta droga (y también contra el hachis) y festeja, dentro del consumo de sustancias de excitación animosa, el consumo de alcohol, en especial el vino.

El decadentismo de su prosa es manifiesto en la beldad estético-sensorial de su didáctico texto, un apreciable viaje al interior de la percepción alterada por las drogas, a la evocación de sensaciones, al escapismo de la cotidianeidad, al intento de apoderarse del Edén artificial, a la tiranía del goce que él termina considerando vacuo y nocivo por la pérdida de voluntad.

Al contrario que el opio o el hachís, que no evoca imágenes más allá del despotismo y debilita la voluntad, afirmando Baudelaire en su libro que “el vino exalta la voluntad, el hachís la aniquila.
El vino constituye un soporte físico, el hachís es un arma para el suicidio. El vino hace que el hombre sea sociable. El hachís lo aisla. El vino es útil, produce resultados fructíferos. El hachís no sirve ni conduce a nada”.

Esta loa al vino lleva al autor de “Las flores del mal”, que afirma que “el hombre que sólo bebe agua esconde algún secreto a los demás” a identificar a esta bebida con el propio hombre: “El vino es parecido al hombre: nunca se sabrá hasta que punto es posible apreciarlo y despreciarlo, amarlo y odiarlo, ni de cuantas acciones sublimes o delitos horribles llega a ser capaz. No seamos, pues, más crueles con él que con nosotros mismos y tratémosle como a nuestro igual”. Pues venga, a beber vino. Eso sí, con moderación, que después pasa lo que pasa…

Ir a la biografía de Charles Baudelaire

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