Veinte años después del éxito de “El Ocho”, mezcla de intriga con vínculo histórico que se adelantó mucho a la fórmula de Dan Brown y similares, la novelista estadounidense Katherine Neville publicó “El Fuego”, secuela del anterior libro cuyo interés sigue girando en torno al legendario ajedrez de Carlomagno.
El libro intenta repetir las pautas del anterior y enganchar a los seguidores de este subgénero aventurero-fabulador, en especial a los amantes de entretenimientos como “El Ocho”, pero la propuesta naufraga a causa de unos personajes acartonados e inconsistentes (sobran gran parte de ellos) y una trama embarullada (que pretende pasar por compleja una propuesta muy convencional con poco que decir).
Neville se esfuerza en configurar de forma sesuda los escenarios y los aspectos históricos, y alterna distintas épocas temporales con un ritmo bastante cansino (que adocena la acción).
La intensificación de los sucesos no transmiten la urgencia expresada por sus personajes, y el interés de sus destinos y consecuencias se difuminan en el transcurso de la historia hasta llegar a la nada.