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Leamos un fragmento:
DON JULIÁN: (Asomándose a la puerta, pero sin entrar.) Hola, Ernesto.
ERNESTO: ¡Don Julián!
DON JULIÁN: ¿Trabajando aún?... ¿Estorbo?...
ERNESTO: (Levantándose.) ¡Estorbar!... ¡Por Dios, Don Julián!... Entre usted, entre usted. ¿Y Teodora? (DON JULIÁN entra.)
DON JULIÁN: Del Teatro Real venimos. Subió ella con mis hermanos al tercero a ver no sé qué compras de Mercedes, y yo me encaminaba hacia mi cuarto cuando vi luz en el tuyo, y me asomé a darte las buenas noches.
ERNESTO: ¿Mucha gente?
DON JULIÁN: Mucha, como siempre; y todos los amigos me preguntaron por ti. Extrañaban que no hubieses ido.
ERNESTO: ¡Oh!... ¡qué interés!
DON JULIÁN: El que tú mereces, y aún es poco. Y tú, ¿has aprovechado estas tres horas de soledad y de inspiración?
ERNESTO: De soledad, sí; de inspiración, no. No vino a mí, aunque rendido y enamorado la llamaba.
DON JULIÁN: ¿Faltó a la cita?
ERNESTO: Y no por vez primera. Pero si nada hice de provecho, hice, en cambio, un provechoso descubrimiento.
DON JULIÁN: ¿Cuál?
ERNESTO: Éste: que soy un pobre diablo...........
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