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Narrado en tiempo pasado y en primera persona por el protagonista princial, “El Buscón”, carente de apuntes morales por parte de su autor, agiliza la vida juvenil de Pablos con un resuelto ritmo, desarrollando un brillante entretenimiento burlesco con el que Quevedo escarnece de manera punzante y cínica la sociedad española del momento.
Leamos un fragmento:
Yo, señor, soy de Segovia. Mi padre se llamó Clemente Pablo, natural del mismo pueblo (Dios le tenga en el cielo). Fue el tal, como todos dicen, de oficio barbero, aunque eran tan altos sus pensamientos que se corría de que le llamasen así, diciendo que él era tundidor de mejillas y sastre de barbas.
Dicen que era de muy buena cepa, y, según él bebía, es cosa para creer. Estuvo casado con Aldonza de San Pedro, hija de Diego de San Juan y nieta de Andrés de San Cristobal.
Sospechábase en el pueblo que no era cristiana vieja (aún viéndola con canas y rota), aunque ella, por los nombres y sobrenombres de sus antepasados, esforzaba que descendía de la Gloria.......
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