Ese es Hércules Poirot, el detective -dijo mistress Allerton.
Ella y su hijo se encontraban sentados en sendos sillones de mimbre, pintados de un brillante color escarlata, en el exterior del Hotel de las Cataratas de Asuán.
Contemplaban las figuras, que se alejaban, de dos personas. Una de ellas, bajita, vestida con un traje de seda cruda, correspondía a un hombre; la otra, alta y delgada, era una mujer.
Tim Allerton se levantó rapidamente.
- ¿Qué diablos busca ese hombre por aquí?.
Su madre rió.
- Querido, pareces excitado. ¿Por qué les gustaran tanto a los hombres los crímenes?. Yo aborrezco las historias de detectives y no las leo nunca.
La verdad es que no creo que el señor Poirot esté aquí por algún motivo especial. Ha conseguido ahorrar una respetable suma de dinero y se dedica a vivir. Eso es todo.
- Parece que muestra cierto interés por la muchacha más guapa del lugar..........................