|
El Nellie, un bergatín de considerable tonelaje, se inclinó hacia el ancla sin que una sola vibración agitara sus velas, permaneciendo inmóvil.
El flujo de la marea se había detenido, casi no soplaba viento y, como había que proseguir río arriba, lo único posible era detenerse y esperar a su cambio.
El estuario del Támesis se extendía ante nosotros como el comienzo de una interminable senda de agua. Allí lejos el cielo y el mar se unían en una línea indefinida, y en el espacio luminoso las velas curtidas de los navíos que subían con la marea parecían racimos encendidos de lonas agudamente triangulares, en los que brillaban las botavaras barnizadas.......
Existía entre nosotros, como ya he dicho en alguna que otra parte, ese vínculo que otorga el mar. Mantenía unidos nuestros corazones durante largos períodos de separación, pero además tenía la fuerza de volvernos tolerantes ante las experiencias personales y ante las convicciones de cada uno.....
© Aloha Criticón. Todos los derechos reservados.
|