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Le faltarían una o quizá dos pulgadas para alcanzar los seis pies de altura, era de constitución fuerte, y avanzaba hacia uno directamente, con una ligera inclinación de hombros, adelantando la cabeza con una mirada intensa y profunda, que recordaba a un toro cuando embiste.
Tenía una voz grave y potente, y en su porte mostraba una especie de aplomo obstinado que no tenía nada de agresivo, parecía tratarse más bien de una necesidad que, en apariencia, rezaba tanto para sí mismo como para cualquier otro.
Era de una pulcritud intachable, vestía de pies a cabeza de un inmaculado blanco, y en los diversos puertos orientales en los que se ganó la vida como corredor de proveedores de barcos se hizo muy popular.....
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