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El día había transcurrido del modo como suelen transcurrir estos días. Lo había malbaratado, consumido suavemente con mi manera primitiva y extraña de vivir.
Había trabajado un buen rato, dando vueltas a los libros viejos, tuve dolores durante dos horas, como suele tenerlos la gente de cierta edad, había tomado unos polvos y me había alegrado de que los dolores se dejasen engañar.
Me había dado un baño caliente, absorbiendo el calorcillo agradable, había recibido tres veces el correo y hojeado los impresos y las cartas, todas sin importancia; había hecho mi gimnasia respiratoria, dejando hoy por comodidad los ejercicios de meditación.
Había salido de paseo una hora y había visto dibujadas en el cielo hermosas y delicadas muestras de preciosos cirros.
Esto era muy bonito, igual que la lectura de viejos libros y el estar tendido en el baño caliente....
© Aloha Criticón. Todos los derechos reservados.
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