Kim, en contra de las ordenanzas municipales, se encontraba sentado en el cañón Zam-Zammah, que descansaba sobre la plataforma de ladrillo frente a la vieja Ayaib-Gfher, la Casa de las Maravillas, nombre dado por los indígenas al museo de Lahore.
Quien se apodera de Zam-Zammah, el "dragón del aliento de fuego", es el dueño del Panjab, porque ese gran monumento de bronce verdoso es siempre el primer botín del conquistador.
A Kim no le faltaba razón -acababa de echar a un chico de Lala Dinanath de una patada- puesto que los ingleses eran dueños del Panjab y Kim era inglés.
Aunque es cierto que estaba tan tostado por el sol como un indígena, que prefería emplear el idioma del país y hablaba su lengua materna con un soniquete entrecortado e inseguro, que se relacionaba en condiciones de igualdad con los chiquillos del mercado, Kim era europeo, un europeo pobre entre los más pobres...............................