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Era un día de abril frío y luminoso y los relojes daban las trece. Winston Smith, con la barbilla clavada en el pecho en su esfuerzo por burlar el molestísimo viento, se deslizó rapidamente entre las puertas de cristal de las Casas de la Victoria, aunque no con la suficiente rapidez como para evitar que una ráfaga polvorienta se colase con él.
El vestíbulo olía a legumbres cocidas y a esteras viejas. Al fondo, un cartel de colores, demasiado grande para hallarse en un interior, estaba pegado a la pared. Representaba un enorme rostro de más de un metro de anchuraa: la cara de un hombre de unos cuarenta y cinco años con un gran bigote negro y facciones hermosas y endurecidas.....
Era uno de esos dibujos hechos de tal manera que los ojos le siguen a uno adondequier que esté. EL GRAN HERMANO TE VIGILA, decían al pie las palabras........
© Aloha Criticón. Todos los derechos reservados.
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