No es extraño que después de haber llevado a cabo mis primeras experiencias solitarias, intentara (siempre he sido una persona muy generosa), compartir con otras mujeres los placeres que había descubierto yo sola.
Como el sexo masculino estaba totalmente fuera de mi alcance en Panthémont, dediqué mi tiempo a ilustrar a varias de mis amigas en los ritos de Lesbos.
Cuando tenía trece años conocí a una muchacha llamada Eufrosina. Ella tenía tres años más que yo, era alta y muy hermosa, de color aceitunado. Su cuerpo debía inspirar a cualquier artista y yo, que no apreciaba menos las bellas obras de la naturaleza que los que intentan reproducirlas, me enamoré rapidamente de ella.....