Todo resultaba tranquilo en Moscú. Solamente se escuchaba de vez en cuando un rechinamiento de ruedas sobre la nieve. En las ventanas, ni una luz, y los faroles ya se encontraban apagados.
Las calles, desiertas. Aquí el cochero de la plaza que cabeceaba, dominando el sueño en espera de algún pasajero retrasado; allá, alguna vieja que iba a la iglesia, apenas iluminada por algunos cirios encendidos, cuyas lucecitas se reflejaban en los dorados marcos de las imágenes.
La población trabajadora, despertando después de una larga noche de reposo, se disponía a emprender las pesadas faenas del día. Pero para los señores todavía era noche.........................