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.....Por lo tanto, ya no es la misma Francia, si se la puede engañar hasta ese punto,
soliviantar los ánimos contra un miserable que lleva tres años purgando, en atroces condiciones, un
crimen que no ha cometido.
Sí, allá, en un islote perdido, bajo un sol abrasador, hay un
ser aislado de los demás hombres. No solo está aislado por el ancho mar, sino que once guardianes
que lo tienen encerrado día y noche, formando una muralla viviente.
Han inmovilizado a
once hombres para custodiar a uno sólo. Jamás asesino alguno, jamás loco furioso alguno,
ha sido encerrado con tal saña. ¡Y ese eterno silencio, esa lenta agonía, bajo la execración
de todo un pueblo!...................
Hemos contemplado ya a la prensa rastrera en celo, amasando dinero a costa de las curiosidades
malsanas, trastornando a las masas para vender su deleznable papel, ese papel que ya no
encuentra compradores cuando la nación está en calma, saludable y fuerte.
Me refiero en
especial a los que ladran de noche, a los periódicos prostibularios que atraen
poderosamente a los transeúntes con esos grandes titulares que garantizan escándalos.
Éstos siempre han formado parte de su habitual mercancia, aunque, en esta ocasión, con
impudicia significativa.
Hemos visto, un peldaño más arriba, a los periódicos populares, los periódicos baratos,
los que se dirigen a la inmensa mayoría y crean la opinión de las masas, les vimos cómo
alimentaban pasiones atroces, cómo promovían furiosamente una campaña sectarista,
anulando toda generosidad de nuestro amado pueblo de Francia, todo deseo de verdad y
de justicia.......
Ahora, el antisemitismo.
Él es el culpable. Ya dije de qué modo esa terrible campaña, que nos hace retroceder
miles de años, indigna mis ansias de fraternidad, mi afán de tolerancia y de emancipación
humana.
Volver a las guerras de religión, reanudar las persecuciones religiosas, desear
que nos exterminemos una raza a otra, todo eso resulta tan insensato en nuestro siglo de
liberación que semejante propósito me parece, más que nada, estúpido.......
© Aloha Criticón. Todos los derechos reservados.
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