• Por AlohaCriticón

A CUALQUIER OTRO LUGAR (2000)

Director: Wayne Wang.

Intérpretes: Susan Sarandon, Natalie Portman, Bonnie Bedelia, Thora Birch.

Los problemas emocionales que sufre una frugal adolescente (Natalie Portman) a causa del comportamiento irresponsable, inmaduro e irreflexivo de su fantasiosa madre (Susan Sarandon), y la longeva ausencia de la figura paterna son los pivotes en los que se sustenta un film que desbarra en casi toda materia que acomete.

Presentada como una road movie, “A cualquier otro lugar” no es estrictamente un film que se corresponda a ese subgénero.

Una road movie es una película que transcurre en su totalidad (o casi) en un viaje por carretera, viaje que sirve para profundizar y describir conductual y emocionalmente a los personajes en él inmersos.

En esta ocasión se produce un traslado inicial desde una pequeña población de Wisconsin hasta la populosa ciudad de Los Angeles, más concretamente a la lujosa zona residencial de Beverly Hills, pero no por ello se puede definir al film de road movie, aunque sí que es verdad que el vehículo que utilizan es empleado como símbolo de cambio. Simplemente se trata de un drama familiar con ligeros toques de comedia, que tristemente funciona con languidez en el plano dramático al igual que en sus aspectos de comedia. Las escenas están proyectadas para que sus dos únicas protagonistas (los demás personajes son tocados muy de soslayo) contrapongan sus diferentes modos de vivir y de pensar en un antagonismo subrayado hasta la saciedad en diversas situaciones carentes de interés.

La película oferta un aburrido recorrido vital en el cual se tratan temas como la familia, la relación materno-filial, los orígenes, la ambición y la interdependencia, asuntos que Wayne Wang no logra evadir del estereotipo monocorde.

Esta película necesitaría mayor dinamismo, mejores diálogos, acciones dramáticas y cómicas que contuviesen la intensidad suficiente para penetrar en la fibra sensible del espectador y hacer que éste se sienta atrapado y seducido por la historia que está contemplando.

Por el contrario, el asunto provoca un desinterés con el paso de los minutos que incluso minusvalora el buen trabajo interpretativo de sus actrices protagonistas.

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Susan Sarandon

Natalie Portman

Thora Birch

Megan Mullally

Indescriptiblemente personal es esta obra cuya invitación a la melancolía y empatía es un acto paulatino del drama y la comedia al unísono, pues aunque a momentos, desequilibrada y sin mucho interés, la trama cuenta con una virtud que sin dudarlo para muchos es su mayor defecto.

Mucho se ha dicho que las tramas de esta índole son de aspecto personal, intimista, donde la conexión con el espectador es vital para el triunfo, de aquí se divide en lo que pudiera llegar a ser el éxito o el fracaso de la película, pues para todos aquellos que encuentren conexión alguna con sus personajes se les abrirán las puertas del encanto y la melancolía que contiene esta cinta, un estilo de magia muy particular que suele poner en peligro las producciones del director Wayne Wang, pues en los extremos íntimo-lírico-personal de las situaciones, hacen desfilar por la periferia a los sentimientos sin llegar a un punto de conexión entre el público y la obra, dejándolo todo en un acto fallido, de sopor y poco interés; de aquí se desprende la sección de aquellos que no han logrado el tan ansiado contacto que desea el filme.

Por buena gracia, yo pertenezco a aquellos cuyo interés se expande entre los límites del dramatismo y la comedia, que frente a todo la conexión se ha efectuado.

Mi óptica acerca de esta obra es la de una canción, una partitura musical, visiblemente musical, interpretada por Natalie Portman con la voz principal y Susan Sarandon dando el apoyo y el soporte que la cinta requiere; pues no sólo es la química de madre e hija que se percibe en pantalla, sino la promesa de una gran actriz como lo es Natalie Portman, en un papel cuyo requirimiento era la proyección de maduración, una creíble metamorfosis del personaje y hasta cierto punto compartir la desesperación y la desesperanza de una joven cuya madre proyecta sus anhelos, sueños y fantasías en ella. Entre “el ideal del yo impuesto por la madre” y “el yo ideal de la hija”; acto efectuado por una explosiva e irreverente Susan Sarandon, la maestría se ve en cada una de sus escenas, alocada, a momentos desenfocada y desesperada, un dúo artísticamente bohemio.

La cinta recae en los hombros de estas dos grandes actrices que comparten la carga sin mucho problema, el resto de los actores entran y salen de escena con sus personajes de poco calado, a excepción de alguno que se logra colar de buena gana, todo se desarrolla con respecto a su relación maternal-fraternal.

Con respecto a otros puntos, se puede decir que la dirección de Wayne Wang es arriesgada, oscila entre la sensibilidad y la sensiblería, sin embargo logra un buen trabajo, con respecto a su gusto musical, las canciones de la cinta son acertadas, sin embargo la banda sonora dirigida por Danny Elfman se encuentra ausente; por su parte la fotografía se refiere a la exquisita imagen urbana y suburbana que demandan estos filmes; el guión sin ser la gran obra elocuente se encuentra adecuado para la evolución de sus personajes.

Finalizando desde una óptica quizá personal, sin embargo es lo que se busca encontrar en películas de esta índole, el gran hallazgo o la gran desilusión depende forzosamente del público, del tipo que sea y la disposición puesta ante la historia.

Lucio Rogelio Avila Moreno

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