• Por AlohaCriticón

ANACONDAS (2004)

Director: Dwight H. Little.

Intérpretes: Johnny Messner, Kadee Strickland, Matthew Marsden, Nicholas Gonzalez.

Una expedición de científicos se traslada a la selva de Borneo con la intención de hallar una especie extraña de orquídea, que puede ayudar a crear un suero para conservar la juventud.

Cuando lleguen a Borneo descubrirán que para hacerse con las orquídeas tendrán que enfrentarse a unas peligrosas víboras gigantes.

A lo largo de la historia del cine muchas películas han jugado la baza del terror natural, fuese o no acrecentado con apariencia de monster movie, para conseguir el éxito, valga como principal ejemplo “Tiburón” de Steven Spielberg, o retrotrayéndose a la entrañable época del terror y ciencia-ficción de los años 50, “Them” de Gordon Douglas, o con un enfoque más psicológico, “Los Pájaros”, la excelente adaptación que Alfred Hitchcock realizó de una de sus escritoras favoritas, Daphne Du Maurier.

Estos títulos eran películas con una historia más o menos trabajada, con personajes de cierta dimensión, lo que nos permitía involucrarnos en mayor o en menor medida en sus problemas crecientes, y con un acusado sentido del suspense, lo que otorgaba intensidad a esos problemas o situaciones, y del tono, sea amenazador, tirante o paranoico.

Estas circunstancias, si se toma en serio un film de tan baja calidad en todos sus aspectos, si se mantiene un nivel mínimo de exigencia, casi no aparecen en “Anacondas 2”, una película que más que una secuela simula ser un remedo barato de la primera, la cual había sido protagonizada por la pompisera Jennifer Lopez en vísperas del estrellato. Por el contrario si se toma a cachondeo todo el embrollo, después de ir bien cargado/a de estimulante etílico, incluso puede deparar muchas risas y algún que otro susto. El que no vaya con tal predisposición y quiera ver bichos y selvas mejor que vislumbre el National Geographic Channel o que se largue a dar una vueltecita al zoo más cercano.

Sus hacedores utilizan la baza de su condición de serie b sin pretensiones y los tradicionales tonos camp y de autoparodia, el ritmo es rápido, los efectos un tanto menesterosos, aprovechan de manera aceptable los escenarios, los clichés son la base del guión, e introducen a varios intérpretes conocidos en sus respectivos hogares, que actúan peor que los animalejos que aparecen en la pantalla. Solo faltaban Abbot y Costello a lo “Las minas del rey Salmonete” para completar este divertimento de media tarde.

Dirige Dwight H. Little, quien, visto lo visto, debe de tener una carrera repleta de obras maestras del humor.

Puntuación

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