• Por AlohaCriticón

ASTÉRIX EN LOS JUEGOS OLÍMPICOS (2008)

Dirección: Frederic Forestier y Thomas Langmann.

Interpretes: Gérard Depardieu, Clovis Cornillac, Benoit Poelvoorde, Alain Delon.

Los galos, con Astérix (Clovis Cornillac) y Obélix (Gérard Depardieu) a la cabeza, parten hacia Grecia para competir en los Juegos Olímpicos.

Tienen como principal obstáculo la exclusión del consumo de su poción mágica, ya que están prohibidas las sustancias dopantes.

Mejor que el gran René Goscinny esté muerto descansando en paz a que viviese y se pusiera de los nervios al comprobar la fruslería en que han convertido los responsables de este film el guión de su muy recomendable álbum homónimo (con dibujos de Albert Uderzo) sobre los irreductibles galos en los Juegos Olímpicos de Atenas.

Al margen de que tan adorables personajes principales tienen caracterizaciones más que antipáticas, la rutinaria motivación romántica con que se inicia la película no aparece en el tebeo original, al igual que la participación del cargante personaje de Bruto, a quien hay que sufrir con sus insidias contra Julio César, y sus torticeros métodos para hacerse con el triunfo olímpico y con los favores sexuales-amorosos de la princesa Irina, interpretada por la hermosísima modelo Vanessa Hessler (por lo menos alegra la vista su presencia).

Otra modelo de buen ver, Adriana Karembeau, luce sus formas como exuberante mujer de Edadepiedrix.

El tal Bruto (interpretado por Benoit Poelvoorde) es convertido en el centro del film en su faceta de villano-cómico, pasando Astérix y Obélix a un segundo plano.

Durante casi dos horas hay que malsoportar los gestos del susodicho brutote, sobrellevar sus asociaciones con el “hechicero” Santiago Segura, y adocenarse en sus reyertas con Alain Delon-César, quien en su primera intervención hace varios guiños a parte de su filmografía… “Rocco y sus hermanos”, “El silencio de un hombre”, “El clan de los sicilianos”… Eran otros tiempos, Alain.

Transfigurada casi totalmente la esencia del cómic original en un exhibicionismo gratuito del histrionismo de Poelvoorde y de los muchos cuartos gastados en el diseño de producción (que alternan el cutrerío sombrío con algún momentos de cierta grandiosidad), la película es una sucesión de chistes flojos, referencias chuscas (“La guerra de las galaxias”, la Venus de Milo, Depardieu recordando su labor en Cyrano de Bergerac, las cuádrigas de “Ben-Hur”…) anacronismos sin inventiva, slapstick de tercera, y cameos varios.

Entre estos últimos destaca (aunque sin gracia alguna), y más en estos tiempos que corren en el que hasta el que no tiene carnet de conducir parece un exquisito experto en neumáticos y elementos aerodinámicos (eso como mínimo), el de Michael Schumacher y el de Jean Todt en la carrera citada de cuádrigas, o el de Zidane, quien da toques de balón vestido de egipcio antiguo en una parte final que pretende ser el clímax estrepitoso de una película hiperdivertida y lo único que hace es confirmar su concepto de populismo y bufonada.

Enlaces

Gérard Depardieu

Alain Delon

Elsa Pataky

Santiago Segura

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