• Por AlohaCriticón

buena vida delivery cartel critica

BUENA VIDA. DELIVERY (2005)

Director: Leonardo Di Cesare.

Intérpretes: Ignacio Toseli, Mariana Anghileri, Oscar Núñez, Alicia Palmes.

Hernán (Nacho Toselli), es un empleado de una mensajería que vive con su

hermano, su cuñada y el hijo de éstos. Cuando la familia decide irse a vivir

a España, Hernán se queda sólo en la casa. Más adelante conoce a Pato

(Moro Anghileri), que trabaja en una gasolinera y con quien vivirá un

romance que se irá complicando con la llegada a la casa de nuevas

personas.

Coincidiendo en la cartelera con el documental “Memoria del saqueo”

(2004), en el que se relata el proceso de descomposición que ha sufrido la

sociedad argentina, desde la dictadura de Videla hasta la actualidad, se

estrena en nuestras pantallas “Buena vida. Delivery”.

Esta ópera prima de Leonardo Di Cesare en el largometraje, está

precisamente afectada por las consecuencias de los hechos que se narran

en el documental mencionado. El comienzo del rodaje se sitúa en el año

2001, pero los inevitables problemas económicos derivados de la crisis,

hicieron que la producción se suspendiera y la búsqueda por lograr

financiación comenzara. Según declaraciones del propio Di Cesare, este

hecho varió por completo la concepción inicial del filme y fue adaptado de

acuerdo a las circunstancias que identificaban el crítico momento.

Finalmente, gracias a la colaboración de fundaciones de Holanda y Francia

y ayudas del Instituto de cine argentino, la película logró terminarse.

“Buena vida. Delivery” es el paradójico nombre de la empresa de

mensajería en donde trabaja nuestro malhadado protagonista, Hernán. La

felicidad que le supone encontrar el amor, no le hará presagiar, en ningún

momento, lo que se le viene encima. Ya en la última parte del relato, Hernán

le confiesa a su chica (sin llegar a concluir por olvidarlo), lo que se

supone es un dicho: “Los huracanes del corazón, son las tormentas…”

(podría añadirse: …de la razón).

“Buena vida. Delivery” se debe considerar como ejemplo del buen cine

argentino que sigue llegando a las salas, sustentado en una interpretación

solvente y que sigue la estela costumbrista marcada, entre otros, por

Carlos Sorín (“Historias mínimas” (2002), “Bombón, el perro” (2004)) o Juan

José Campanella (“El hijo de la novia” (2001), “Luna de avellaneda” (2004)).

Alberto Alcázar

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