• Por AlohaCriticón


Dirección: Otto Preminger.
Intérpretes: Robert Mitchum, Jean Simmons, Herbert Marshall, Mona Freeman.


Un conductor de ambulancia (Robert Mitchum) conoce a una mujer (Jean Simmons) y se siente atraído por ella la noche en la que tiene que acudir a su domicilio, después de un aviso de grave accidente domestico. Pronto se dará cuenta de que el accidente no era tal y se verá atrapado por la manipuladora mujer, que pretende involucrarle en sus siniestros planes.

Otto Preminger realizó con esta película uno de sus mejores y más personales trabajos. En la cinta se puede apreciar su estilo inconfundible: con un movimiento de cámara siempre directo, hacia los actores; con una profusión de planos secuencia y una perfecta planificación en su ejecución (nunca reconocida por el propio Preminger); y, por supuesto, con una perfecta dirección de actores, uno de sus fuertes.

La fama que Preminger tenía de “duro” con las estrellas fue confirmada en el rodaje de ‘Cara de Ángel’. Es famosa la anécdota del enfrentamiento entre Robert Mitchum y el director a causa de una secuencia donde el galán abofeteaba a Jean Simmons. Preminger no estaba satisfecho de su resultado y mandó repetirla hasta conseguir que la actriz llorara de dolor.

Sin quitar mérito a la “habilidad” del realizador, lo cierto es que Jean Simmons se encontraba en el mejor momento de su vida profesional. Su interpretación puede ser la mejor de su dilatada carrera al encarnar a la perfección el papel de mujer malvada y cínica. Quizás le ayudara en su actuación la tortuosa relación que mantenía con el magnate y productor, Howard Hughes.

Mientras tanto, en la ficción, se las tenía que ver con un ingenuo Robert Mitchum. Y es que el centro de toda la trama descansaba en la pareja Simmons-Mitchum. Desde el arranque (con el cruce de bofetadas citado) hasta el final (no perderse la expresión de la actriz, merece la pena grabarla y detener la imagen en ese momento) las escenas en las que aparecen las dos estrellas son todo un acontecimiento. De ella, no se sabe si se aprovecha de la candidez de Mitchum para cometer sus crímenes o realmente está enamorada de él; o solo lo quiere como un sustituto de su adorable padre (Herbert Marshall). De él, no se entiende si es masoquista al seguir con la relación, sabiendo que es su perdición – “Estas jugando con fuego, y no te lo aconsejo en una habitación llena de gas”-; o es que no puede escapar de la red que estratégicamente va tejiendo Jean Simmons, que no le abraza, sino que, literalmente, le rodea con sus brazos cada vez que él intenta escabullirse.

Como vemos, “Cara de Ángel” destila una atractiva ambigüedad a lo largo de todo el metraje. Esto sucede en casi todas las películas de Preminger. Uno no se conforma con verlas, necesita comentarlas con alguien. El debate está asegurado porque las películas del realizador piden la complicidad del espectador y requieren su opinión para poder finalizarlas. Lo cual, siempre, es de agradecer.

Fernando de Cea

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