• Por AlohaCriticón

CIUDAD DE DIOS (2002)

Director: Fernando Meirelles y Katia Lund.

Intérpretes: Matheus Nachtergaele, Seu Jorge, Alexandre Rodrigues, Leandro Firmino Da Hora.

Años 60. En una barriada de Río De Janeiro conocida como “Ciudad de Dios” residen diferentes personajes envueltos en diversas actividades criminales.

Un niño del lugar, Buscapé (Alexandre Rodrigues) se convierte en testigo con sus fotografías.

“Ciudad de Dios” es una película redonda que hace una mirada personal y fulgurante a uno de los principales problemas de los países en vías de desarrollo: la sobrepoblación y la creación de barriadas adyacentes de los campesinos desamparados ante la inviabilidad del sector primario a pequeña escala en la actualidad.

Uno de los principales logros del film es la alta calidad narrativa, amparada en interesantes técnicas biográficas como la trasposición de flashbacks sucesivos que rompen el clásico esquema lineal y predisponen al espectador a tener presente los diferentes cabos de la historia en todo momento para poder irlos enlazando.

Otro gran logro del film es la perfecta sintonía del personaje plural en el desarrollo de la acción.

En efecto, la película está formada por colectivos que se enfrentan o cooperan entre sí, y que actúan con una personalidad unísona, reproduciendo los sentimientos propios del individuo como el miedo, la vanidad o la reacción por instinto.

Las actuaciones cobran todas un realismo atroz, que acercan la película más a un documental gravada “in situ” que a una composición de estudio.

El gran tema del film es la venganza, no desde la perspectiva hammletiana sino cercana a la rebelión interna de “La vida es sueño”. Los protagonistas, al igual que Segismundo, han sido encerrados sin tener ninguna culpa en una cárcel común donde no pueden sino vivir envueltos en un sueño para escapar a sus propias miserias.

Este sueño de libertad se trasforma en batallas a campo abierto para imponerse sobre las fantasías de los demás hasta asomarse al inmenso caos, producto sólo de los deseos de venganza que sienten los habitantes ante esta realidad injusta.

Otro tema desarrollado en el film es la fugacidad del poder. Un barrio como Ciudad de Dios, se convierte en metáfora perfecta de la selva capitalista en que el dominio se consigue mediante una guerra continua sin reglas en donde hay que comer a los demás para no ser comido y tener un ojo en cada esquina.

También es interesante la reflexión naturalista sobre la transformación y la corrupción progresiva del hombre debido al entorno.

El protagonista, queriendo seguir los cánones de la violencia como única arma para sobreponerse, intenta varias veces cometer un acto delictivo, pero retrasa el momento de actuar, no por una cobardía hamletiana sino por una conciencia superior de justicia que no le deja traicionar a sus principios. En cambio, el personaje que empieza a matar para vengarse de ce pequeño representa la disolución de los principios morales ante la sed de sangre.

En conclusión, la película nos presenta un circulo vicioso de venganzas personales, ascensos y caídas de un mundo siniestro y desamparado donde los habitantes han tenido que encarase directamente a las penalidades de la vida y aprender a sobrevivir sin tener una sociedad que los respalde.

Xacutacu

“Ciudad de Dios” parece ya llamada a ser uno de los estandartes del cine de los países más pobres (aunque debería considerarse como una supreproducción en toda regla dentro de lo que es lo habitual en el cine Brasileño).

La película está dividida en tres partes bien diferenciadas, no solo en el arco argumental, sino también por la forma que adquieren fotografía y montaje en cada una de ellas.

En la primera, se siguen las andanzas del trío ternura, unos jóvenes e inexpertos delincuentes que se dedican a atracar buscando la vida fácil. En este primer trozo se presentan a los dos personajes fundamentales de la trama, Buscape, un chico que rehuye del crimen y la violencia, y Dadinho, que quiere ser el delincuente más famoso de Río de Janeiro.

Esta parte es la que tiene un estilo visual mas sobrio, en tonos ocre, y al menos a mi me recuerda a la saga de “El padrino”, hablándonos sobre los orígenes del mundo del crimen. Con la muerte del principal miembro del trío ternura, comienza el segundo acto. Este tiene por momentos una estética plenamente hippy, llena de color, movimiento y “alboroto” (ajustándose por otro lado perfectamente a la epoca en que se desarrolla, los 70) e incluso se hace uso de recursos completamente retro, como dividir la pantalla.

A estas alturas de la película (donde Dadinho se ha convertido en Ze pequeño, un despiadado criminal que se apodera de los negocios ajenos matando a diestro y siniestro, mientras que Buscape deambula de un lado a otro sin un destino concreto) se aprecia por encima de todo la sombra de Scorsese.

Es además esta parte la mas rica de la pelicula, por todos los secundarios que se desarrollan y porque es la que contiene más relaciones y sentimientos (por ejemplo el, ya no triángulo, sino cuadrado amoroso entre Buscape, su novia, el ex-novio de ésta y el mejor amigo de Ze pequeño).

Por fin, en el tercer tramo (donde han ido apareciendo multitud de nuevos personajes, la mayoría definidos con un par de trazos) se llega al desenlace, que es una guerra abierta entre dos bandas que Buscape intentara aprovechar para hacer realidad su sueño.

Aqui la manera de rodar alcanza su cúspide de velocidad, que ha ido incrementándose durante toda la película, y también se alcanzan las mayores dosis de crudeza, a cada momento mas sorprendente porque los asesinos suelen ser simples niños de incluso 8 o 10 años.

En definitiva, como se puede observar por mi comentario, es una película grandiosa para lo que suele ser el cine modesto de Brasil, perfectamente estructurada (adaptación de una novela con mas de 300 personajes, de los que evidentemente se han suprimido muchos y otros solo se sugieren), contada con una fuerza y una verdad arrolladoras (mas de 100 actores no profesionales) y con un estilo visual moderno y atractivo.

Una pequeña joya del cine contemporáneo no-americano que aunque bebe de muchas fuentes mantiene siempre una personalidad propia.

Javier del Valle

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Fernando Meirelles

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