• Por Antonio Méndez


Dirección: Rodrigo Cortés.
Intérpretes: Leonardo Sbaraglia, Chete Lera, Miryam Gallego, Fernando Cayo.

Con guión de Rodrigo Cortés (“Emergo”, “Luces Rojas”).

Sinopsis

Un profesor asociado de Historia de la Economía, Martín Circo Martín (Leonardo Sbaraglia), ha conseguido ganar tres millones de euros en un programa televisivo. Lo que se prometía total felicidad se convertirá en una pesadilla cuando Martín se dé cuenta de que ser millonario es caro y de que Hacienda le reclama la mitad de las ganancias. Para intentar sortear su situación, contará con la ayuda de Edmundo Figueroa (Chete Lera), un extravagante economista.

Crítica

concursante-criticaDebut como director de largometrajes de Rodrigo Cortés, a quien se le nota la bisoñez narrativa en cada segundo del metraje. Se somete de una forma aberrante a la inane dictadura efectista, y confunde una presunta modernidad visual con la horterada y el chuleo estético, abusando de naderías artificiosas sin que tal artificio produzca nada significativo a nivel narrativo, tratando al espectador como un simple voyeur confundido ante una colosal masturbación fílmica de disfrute egoísta.

No le queda nada por probar y casi todo con apariencia de anuncio publicitario. Que si plano congelado, ahora un travelling circular que marea, que si cámara lenta, que si cámara rápida, que ahora en blanco y negro, que ahora en color, que cámara al hombro, que ahora me pongo surreal-cursi, que ahora lírico, que ahora el protagonista habla a cámara, que abuso del off, ahora split-screen…

Buff, un tormento amateur fuera de serie que distancia de lo mostrado y distrae (estando más pendiente de las molestas florituras del hacedor que de otra cosa) de su mensaje, por otra parte tan ambicioso como superficial y cansino, con abuso estético y presencia de personajes antipáticos.

El director todavía se cree que está haciendo cortos (en pocos minutos si no se tiene base temática o se mueve en meros apuntes fabuladores todavía es soportable la simple búsqueda del impacto estético, tal como también sucede en un spot publicitario o en el lenguaje del videoclip musical, en donde se intenta coaligar y enfatizar el tempo narrativo con el ritmo musical en tres o cuatro minutos mediante la edición rápida, angulaciones extremas, etc. etc).

No cabe duda de que el espíritu crítico a los poderes, sean del signo que sean, siempre es positivo y recomendable, y que es saludable punzar en el funcionamiento de una sociedad imperfecta, aquí la usura bancaria y explotación por parte de las entidades financieras de las carencias económicas del ciudadano corriente en pos de un extremo beneficio, aspecto angular de una comunidad en parte alienada y movida en exceso por el capital, la apariencia y la falsa felicidad.

Pero esta cinta, con un esforzado Leonardo Sbaraglia como protagonista (lo mejor del film) y algún trazo irónico acertado, recae paradójicamente en la mera apariencia que parece criticar y tras un inicio pseudopoético con memoración en flashback del muerto a lo William Holden de “El Crepúsculo De Los Dioses” y atmósfera con pretensiones kafkianas, se ubica en propuestas que se mueven, además de en la cargante envoltura, en la caricatura cuando no en la demagogia o en el sermón de iluminados tipo “nosotrossomoslaverdadytú,pobreciudadanoque yaniteafeitas,eresunignoranteenestaputavida”.

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Leonardo Sbaraglia

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